Cipayo en la niebla
La crisis diplomática entre Argentina y Brasil no es una anécdota más en el prontuario verbal de Javier Milei. Es parte del ordenamiento político, planificado por Narco Rubio, para controlar aquello que en Washington denominan, en términos despectivos, Patio Trasero o Hemisferio Occidental. Detrás del insulto, de la provocación calculada y de la liturgia de barricada que el Presidente trasladó a la política exterior, aparece la disputa de fondo sobre quién decide el destino de América Latina y el Caribe.
Medio siglo atrás, en el marco de la Guerra Fría, el Departamento de Estado apeló a la Doctrina de la Seguridad Nacional para imponer golpes militares, proscripciones de partidos políticos, desapariciones forzadas, encarcelamientos, exilios y torturas generalizadas.La etapa actual no está asociada al optimismo del “fin de la historia” con el que soñó el Consenso de Washington. Se inserta en una debacle relativa de Occidente. En 2024, el FMI consignaba que China se imponía como el contribuyente al crecimiento global, superando a todos los países del G7, incluida la nación gobernada por el supremacista Donald Trump. Según Bloomberg, el País del Centro concentrará el 21 por ciento del crecimiento global hasta 2029, casi el doble del 12 por ciento aportado por Estados Unidos. Esa realidad, combinada con el deterioro relativo de su competitividad económica, el fracaso de su neoliberalismo financiarista y la emergencia de una multipolaridad, lleva a Washington a replegarse sobre el continente americano. Sin embargo, esa tarea se ve entorpecida por cuatro países que insisten en defender su independencia: Cuba, que resiste al sitio genocida; Canadá, que no acepta las condicionalidades económicas exigidas por la Casa Blanca; México, que mantiene su autonomía........
