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Los vivos envidiarán a los muertos

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03.10.2026

Irak, 2004. El activista Russ Kick publicó más de 350 fotografías de ataúdes de soldados estadounidenses muertos en Irak. La difusión de las imágenes provocó el enojo del Pentágono.

Hay hombres que llegan a una guerra desde muy lejos. Llegan en barcos, en aviones, en transportes militares; llegan con un uniforme que les han dado, un salario, una orden y una fecha que alguna vez imaginaron como la del regreso. Del otro lado están los que no han llegado a ninguna parte porque ya estaban allí. La guerra ha llegado hasta ellos.

Los pueblos lo saben porque la historia se lo ha enseñado demasiadas veces: no se pelea igual en suelo ajeno que en suelo patrio. Se puede combatir lejos de casa por disciplina, por dinero, por una bandera, por obediencia o porque un gobierno decidió que había que estar allí. Pero cuando la guerra entra en la tierra propia aparece otra cosa. Se pelea por la calle conocida, por la casa, por los hijos, por los muertos que están enterrados allí. Y esa guerra suele librarse con una fiereza que desde fuera cuesta entender.

El soldado que combate a miles de kilómetros de su país sabe que existe otro lugar. Hay una ciudad, una familia, una vida anterior que continúa mientras él está fuera. El que pelea en la tierra donde nació puede tener miedo, puede cansarse, puede incluso saber que probablemente va a morir, pero no tiene un país esperando detrás. Ese pedazo de tierra que el otro contempla en un mapa como escenario de operaciones es su casa.

Los norteamericanos deberían saberlo mejor que nadie.

Lo aprendieron en Vietnam y volvieron a........

© Cubadebate