Minnesota en la diana
En agosto de 2024, cuando Tim Walz, el gobernador demócrata de Minnesota, aceptó ser candidato a la vicepresidencia de su país –sumándose como running mate a la campaña de Kamala Harris– seguramente no se le ocurrió que estaba condenando a su Estado a varios años de ataques despiadados de parte del gobierno federal. Pero lo cierto es que a los trumpistas no les cuesta nada odiar Minnesota, que desde el siglo XIX ha sido un bastión de sentido común socialdemócrata, si no de movimientos más radicales.
Así que, cuando tocaba decidir qué centros urbanos se convertirían en laboratorios de la represión antiinmigrante diseñada por el supremacista blanco Stephen Miller, era lógico que, junto con Los Ángeles, Chicago y Nueva York, también se incluyera a Minneapolis –la ciudad que, a principios del siglo XX, fue la cuna de uno de los movimientos obreros más radicales del país; que en 1916 eligió a un alcalde socialista y, en 1931, junto con el resto del Estado, a un gobernador del Partido Campesino y Obrero; donde en 1968 se fundó la mayor organización de derechos civiles de los indígenas norteamericanos (AIM); que en los stenta se convirtió en un centro de las luchas antiguerra y en defensa de la comunidad LGTBQ; que en los ochenta produjo a Prince; y que en 2020, después del asesinato de George Floyd, se erigió como núcleo irradiador de Black Lives Matter–.
Lo distintivo de Minnesota no solo es su historia de activismo progresista, sino lo viva que está hoy la memoria histórica de ese legado. Para muchos minnesotanos, es una seña de identidad y fuente de orgullo. Fue este mismo sentimiento reivindicativo, junto con la memoria muscular de luchas pasadas, el que se activó cuando, a finales de 2025, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) envió, como ejército de ocupación, a 3.000 agentes del ICE, la agencia encargada de ejecutar las políticas de migración y ciudadanía.
Los asesinatos a manos de ICE de Good y, días después, de Alex Pretti, solo sirvieron para endurecer el afán de resistencia entre la ciudadanía
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“Las semillas que plantamos hace cinco años hoy están dando fruto”, me dijo Wes Burdine en enero, una semana después del asesinato de Renee Good. Burdine, que es propietario de un bar futbolístico de perfil queer en Saint Paul, la ciudad gemela de Minneapolis, explicó que, después de la invasión de tropas federales, las estructuras de organización ciudadana que nacieron a la zaga del asesinato de Floyd se volvieron a activar de forma muy orgánica. “En 2020, cuando vivimos una invasión de pandillas de Proud Boys, un grupo militante de extrema derecha, que pretendían destruir nuestra ciudad, forjamos redes comunales –entre vecinos, en los barrios– de protección e información”, contó. “Estas........
