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“La política de memoria del PSOE siempre será ‘gatopardista’”

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10.09.2026

“No traiciono mis principios”, nos advierte Gorka Castillo (Bilbao, 1965) en las primeras páginas de Remover la tierra, abrazar los huesos, su nuevo libro sobre las fosas comunes de la guerra del 36. Concretamente, escribe: “No traiciono mis principios cuando afirmo que mi decisión a la hora de enfrentarme a estas historias fue la de posicionarme a su lado. El periodista debe ser honesto, pero nunca indiferente”.

Las historias a las que se refiere Castillo son relatos de asesinatos, de represión y sufrimiento. También de muchos años de lucha contra el silencio que se impuso a la fuerza. Y las personas a cuyo lado se posiciona –como periodista y ser humano– son quienes le han permitido narrarlas: las mujeres y los hombres que llevan esperando desde la muerte de Franco a que se haga justicia, y que desde hace décadas trabajan en solidaridad los unos con los otros para cambiar el relato establecido, primero, por la dictadura y, después, por la Transición sobre aquel tiempo.

Remover la tierra, que edita El Mono Libre y prologa Queralt Solé, reúne nueve reportajes realizados a lo largo de varios años para los que Castillo ha recorrido gran parte de la geografía peninsular: desde su Euskadi natal, pasando por Asturias y Castilla, Extremadura y Catalunya. Para explicar los esfuerzos de los familiares de las víctimas por ubicar y exhumar a sus seres queridos, tiene que retroceder en el tiempo, a los años 30, y contarnos las historias de los muertos, muchas veces desgarradoras. Desde el comienzo del proyecto –explica– tuvo claro que quería escribir un libro “que no terminara convertido en un análisis frío y abstracto, sino que permitiera a los lectores situarse en medio de una tragedia constreñida en los márgenes del tiempo”. Su compromiso, escribe, “fue acercar la dimensión humana de aquellos acontecimientos”. Lo que acabaron por mostrarle sus interlocutores, apunta, fue “su capacidad de resiliencia para sobrellevar la desilusión que les provoca ver que la intolerancia hacia sus reivindicaciones de justicia no se ha disipado”.

Entre los méritos de Remover la tierra cabe destacar el equilibrio que logra entre proximidad y distancia, empatía e investigación. Por un lado, el periodista está claramente involucrado en la historia que cuenta, como no puede ser de otro modo, tratándose de una persona nacida en Bilbao en 1965. El libro está dedicado a su madre, fallecida en plena elaboración de los textos; y Castillo ha descubierto hace poco que su abuelo materno, militante comunista durante la guerra, tiene varios expedientes en el archivo de la Causa General. Por otro lado, los reportajes no asumen ningún conocimiento previo: los puede leer con igual provecho un chaval de 16 años y una persona de 76. El periodista narra la realidad española desde un lugar que permite no solo la observación atenta y precisa, sino también la sorpresa y la indignación. 

¿Cuándo se topó por primera vez con el tema de las fosas?

Poco después de que Emilio Silva exhumara la fosa de su abuelo en Priaranza del Bierzo, en León, en 2000, me enteré de que la Sociedad de Ciencias Aranzadi estaba investigando una fosa común en Montes Torozos, en Valladolid. El tema me perturbaba. Quería escribir algo, así que me puse en contacto con ellos. Trabé una relación con uno de los científicos, un tío impresionante llamado Jimmy Jiménez, del que también hablo en el libro. Fue él quien me animó a acompañarlos a la fosa. Allí empecé a adentrarme en la realidad de lo........

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