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El sanchismo o la última estación de la nueva izquierda

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friday

Cabe preguntarse si un término como “sanchismo” tiene alguna relevancia analítica. La conversión del estilo personal del gobernante de turno en el rasgo de una época es uno de los múltiples recursos periodísticos que hacen pasar por análisis lo que no es más que un juicio o una posición política. Se hablaba así de felipismo o de aznarismo para caracterizar los años ochenta o el cambio de siglo a partir de la particular personalidad pública de los presidentes: prepotente y con vocación de eternidad, el primero; autoritaria y belicista, el segundo. Y del mismo modo, hoy se habla de ayusismo con el fin de caracterizar al Madrid centralista, castizo y a veces disparatado que corresponde con el lenguaje de la presidenta; o de sanchismo para señalar a una España precaria e inevitablemente moldeada por la mentira, la corrupción y un populismo inmoral. Los “ismos” son un mecanismo de ahorro intelectual del periodismo convertido en agitprop, poco más que pauperismo intelectual y propaganda.

No obstante, hablar de sanchismo puede ser útil si entendemos la novedad retórica del gobierno y su presidente –galvanizada por su presunto izquierdismo y su grandilocuencia– como parte del propósito de conquistar, una vez más, lo que ha sido una invariante del PSOE en este último medio siglo de oligarquía representativa: deglutir a su izquierda y escupirla en forma de residuo orgánico de su propio partido. Antes fue el PCE de Carrillo y la IU de Anguita y hoy la “nueva política” originada a partir del 15M. Se puede argumentar, claro está, que la izquierda hoy existente (la que surgió del 15M: Sumar, Podemos, Comuns, etc.; y la heredada de la Transición: IU, los nacionalismos varios) le han preparado el camino al PSOE. Obviamente, esto es así: las miserias de la izquierda, sobre todo la de haber convertido un espacio tan rico como el 15M en partiduchos de camarillas peleadas entre sí, son siempre, en última instancia, responsabilidad de la izquierda –y seguramente de nadie más–.

Pero ahora se trata de entender el triunfo del PSOE, y no el fracaso de su izquierda. Por tanto, tenemos que volver una vez más sobre Pedro. Una sorpresa que seguramente lo explica casi todo: Pedro Sánchez es una criatura anfibia, que se ha sabido mover entre dos mundos. Sánchez es un producto típico del partido, forjado dentro del partido y prácticamente solo dentro del mismo. Comenzó como joven concejal en el Ayuntamiento de Madrid y trepó siempre a través de su escalera interna. Pero a la vez Pedro es un epifenómeno del 15M, del último gran parteaguas de la política española. Esta puede parecer una afirmación controvertida. El movimiento que comenzó con el grito “PP-PSOE la misma mierda es”, difícilmente podría haber dado como herencia la renovación interna del PSOE de la mano de la figura Sánchez. Y sin embargo, así ha sido.

Como acontecimiento anónimo, el 15M ha marcado la política española de los últimos 15 años

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El 15M hoy puede pasar por un acontecimiento condenado al olvido, sobre todo si consideramos la suerte de lo que pareció ser su partido más orgánico: Podemos, reducido a las cenizas de las ambiciones, alianzas y........

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