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El fin de una ficción cambiaria boliviana

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Después de cincuenta días de bloqueos y en un ambiente de aparente distensión favorecido por el Mundial de Fútbol 2026, el gobierno de Rodrigo Paz Pereira sorprendió con una de las decisiones económicas más relevantes de los últimos quince años. Mediante una resolución ministerial flexibilizó el régimen cambiario y puso fin al tipo de cambio prácticamente fijo que había acompañado al país durante más de una década. Con ello también dejó expuesta la escasa influencia del Banco Central de Bolivia en una materia que debería formar parte de sus atribuciones esenciales.

La medida fue presentada como un cambio histórico de política económica. Sin embargo, en los hechos no significó el nacimiento de una nueva realidad, sino el reconocimiento oficial de una situación que el mercado había impuesto mucho tiempo antes. Mientras el dólar oficial permanecía en Bs. 6,96, el paralelo llegó a cotizar hasta Bs. 18,50 durante los momentos más críticos y posteriormente encontró cierto equilibrio alrededor de Bs. 10. El boliviano ya había perdido valor; simplemente el Estado seguía negándolo. 

El nuevo valor oficial cercano a Bs. 9,73 por dólar representa una devaluación aproximada del cuarenta por ciento respecto de la antigua paridad. No obstante, afirmar que el boliviano se devaluó el día de la resolución resulta técnicamente incompleto. La depreciación ocurrió gradualmente en el mercado paralelo durante varios años. Lo que hizo el Gobierno fue abandonar la ficción cambiaria y aceptar que la cotización oficial había dejado de reflejar........

© Correo del Sur