Inflación en retroceso, economía en retirada
A primera vista, el dato parece una pequeña maravilla estadística, casi un acto de prestidigitación digno de un show de magia: en febrero la inflación mensual fue de -0,62% y en marzo de -0,34%. Dos meses seguidos con el índice de precios al consumidor (IPC) bajando, nada menos, después de un mazazo en los combustibles y en medio de una devaluación fuerte del tipo de cambio paralelo.
En un país normal, uno podría pensar que la economía encontró de pronto la paz interior, se sentó en posición de loto y decidió reconciliarse con la estabilidad. Pero Bolivia, como sabemos, no suele practicar yoga macroeconómico. Aquí, cuando los precios bajan, conviene revisar primero si estamos frente a un alivio genuino o simplemente ante un paciente que ya no tiene fuerzas ni para quejarse. Ya son tres años que la economía entro en recesión: maquinas paradas, tierras sin trabajar y gente desempleada.
El Instituto Nacional de Estadísticas (INE) explicó que la caída de la inflación de febrero estuvo asociada, sobre todo, a menores precios de pollo, tomate, transporte interdepartamental, cebolla y papa; y la de marzo a reducciones también en tomate, transporte interdepartamental, banano, carne de res sin hueso, manzana y arroz. Es decir, una parte importante de la deflación está en los alimentos y en algunos servicios específicos, no en una gran victoria épica de la política económica. Más bien parece que ciertos productos frescos decidieron comportarse bien por unas semanas, mientras el resto de la economía seguía haciendo malabares con combustible caro, dólares escasos y un horizonte de crecimiento cada vez más parecido a un despeñadero. Según el Banco Mundial, en el 2025, hubo una decrecimiento de -2,1% y para el año que transcurre vamos rumbo al fondo del pozo, -3,2%. El INE aún no saca datos oficiales sobre........
