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¿Devaluación en cámara lenta?

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19.04.2026

Hay fenómenos económicos que ocurren antes de que las instituciones se atrevan a nombrarlos y las personas a aceptarlos. Bolivia atraviesa uno de ellos. Este es el precio del dólar. Desde afuera, y esto no es anécdota menor, es posible constatar que tarjetas de crédito y débito bolivianas ya operan en transacciones internacionales. Bienvenida sea la noticia. Pero la pregunta sustantiva no es si las tarjetas funcionan, sino a qué tipo de cambio se liquidan esas transacciones. Y ahí es donde la arquitectura del régimen cambiario boliviano revela sus costuras y pliegues.

Formalmente, Bolivia mantiene un régimen de tipo de cambio fijo: 6,86 bolivianos por dólar para la compra y 6,96 para la venta, paridad que el Banco Central de Bolivia (BCB) ha sostenido, o más bien declarado desde el 2011. El tipo de cambio oficial es una ficción.

 En la teoría de los regímenes cambiarios, un tipo de cambio fijo ancla las expectativas, reduce la incertidumbre y, en condiciones de suficiente respaldo en reservas internacionales, puede ser un instrumento eficaz de estabilización nominal.

La condición operativa es, precisamente, el “suficiente respaldo”. Cuando las reservas internacionales se agotan, el ancla se convierte en una declaración de deseos. En nuestro caso las divisas están tocando fondo en billetes constantes y sonantes hay muy poco, 54 millones de dólares. Con el oro se llega a 3.500 millones de verdes. 

Lo que Bolivia experimenta hoy es un proceso que los economistas denominan sinceramiento........

© Correo del Sur