Perú: cuando la sociedad cambia antes que la política
La ajustada victoria de Keiko Fujimori suele interpretarse como una expresión más de la inestabilidad peruana. Sin embargo, el principal desafío del país podría no ser la falta de desarrollo, sino el desfase entre una sociedad que cambió profundamente durante las últimas décadas y un sistema político que no logró adaptarse al mismo ritmo. La autora de esta columna sostiene que hay un aprendizaje para Chile con el caso peruano: “Cuando la sociedad cambia antes que la política, el desafío deja de ser únicamente crecer. Pasa a ser construir formas de representación capaces de acompañar ese cambio. Esa es, probablemente, una de las preguntas que hoy también comienza a enfrentar Chile”.
Imagen de portada: instagram @keikofujimorih
La elección presidencial de 2026 volvió a mostrar un país profundamente dividido. Keiko Fujimori alcanzó la Presidencia por un margen inferior a tres décimas porcentuales, suficiente para definir al próximo gobierno, pero demasiado estrecho para disipar la sensación de fragmentación política que acompaña al Perú desde hace más de una década.
La explicación más extendida atribuye esa inestabilidad a un desarrollo insuficiente. Perú continúa siendo un país desigual, mantiene importantes brechas territoriales y registra elevados niveles de informalidad que limitan la capacidad integradora del Estado. Sin desconocer la relevancia de esos factores, esa interpretación deja abiertas preguntas que la evolución del país obliga a reconsiderar.
Durante las últimas tres décadas, pocas sociedades latinoamericanas mejoraron con igual intensidad sus condiciones de vida. La pobreza disminuyó de manera sostenida; aumentó la esperanza de vida; retrocedieron la mortalidad infantil y la desnutrición crónica; la alfabetización supera el 94 % y la expansión de la educación superior incorporó a generaciones históricamente excluidas. Incluso la evolución de la estatura promedio —uno de los indicadores más sólidos del bienestar biológico acumulado— confirma una mejora persistente entre generaciones.
En conjunto, estos indicadores describen una trayectoria difícilmente compatible con la imagen de un país estancado. A diferencia del PIB o del ingreso per cápita, reflejan procesos acumulativos en salud, educación y capacidades humanas cuya consolidación requiere décadas.
Mientras amplios sectores de la población ampliaban sus oportunidades, diversificaban sus trayectorias e incrementaban su integración económica y territorial, el sistema político mostraba crecientes dificultades para producir representación, estabilidad y legitimidad. Desde 2016, esa tensión se expresó en presidentes destituidos o forzados a renunciar, enfrentamientos recurrentes entre el Ejecutivo y el Congreso, investigaciones por corrupción y un deterioro sostenido de la confianza institucional.
La pregunta deja entonces de concentrarse exclusivamente en las limitaciones del desarrollo. También obliga a considerar otra posibilidad: ¿qué ocurre cuando una sociedad cambia más rápido que las organizaciones encargadas de representarla? Esa hipótesis orienta la interpretación que sigue.
LA POLÍTICA LLEGÓ DESPUÉS
Durante buena parte del siglo XX, el principal desafío del Perú consistió en........
