Colombia: un país dividido por sus futuros
El domingo pasado Colombia tuvo su primera vuelta presidencial quedando la ultraderecha y la izquierda con sus candidatos para el balotaje de agosto próximo. La autora de esta columna sostiene que la este proceso refleja una división profunda sobre los futuros posibles del país más que sobre su pasado. Argumenta que décadas de violencia, desigualdad territorial, desplazamiento y desconfianza han impedido construir un proyecto común. A su juicio, el desafío central no es solo elegir un gobierno, sino reconstruir la confianza colectiva y forjar una visión compartida de futuro que permita superar las fracturas históricas de la sociedad colombiana.
Imagen de portada: Gustavo Petro, presidente de Colombia (Juan Diego Cano / Presidencia Colombia).
Durante décadas se ha dicho que Colombia es un país dividido por su pasado. Tal vez sea más preciso decir que es un país dividido por sus futuros. Las disputas que atraviesan la elección presidencial no nacieron con los candidatos actuales ni comenzaron con la campaña. Son la expresión más reciente de una pregunta que el país arrastra desde hace generaciones: cómo construir un mañana que resulte creíble para quienes recuerdan historias tan distintas.
La ajustada primera vuelta confirmó hasta qué punto esa dificultad sigue vigente. Más allá de los porcentajes obtenidos por Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella, el resultado mostró una sociedad dividida en torno a diagnósticos diferentes sobre las causas de sus problemas y, sobre todo, sobre el camino que debería seguir durante las próximas décadas. Lo que está en juego no parece ser únicamente una alternancia de gobierno. También está en disputa la forma en que Colombia interpreta su propia historia y proyecta su futuro.
Lo que hoy ocurre en Colombia resulta familiar para muchas democracias. La polarización ya no expresa únicamente diferencias ideológicas. También revela desacuerdos sobre la interpretación del pasado y sobre la imagen del futuro que una sociedad considera deseable. Sin embargo, pocos países han experimentado esa tensión con la intensidad colombiana.
Durante gran parte de su historia republicana, Colombia ha oscilado entre dos temores que atraviesan generaciones. Por una parte, el temor de quienes nunca se sintieron plenamente incorporados al orden existente y percibieron que amplios sectores de la sociedad quedaron al margen de los beneficios del desarrollo, la representación política o el acceso a la tierra. Por otra, el temor de quienes observaron cómo ese mismo orden podía fragmentarse bajo el peso de la violencia, la insurgencia o la pérdida de autoridad estatal.
El 9 de abril de 1948 una multitud salió a las calles de Bogotá después del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. La narrativa tradicional suele presentar aquel episodio como el inicio de la violencia contemporánea. Pero el Bogotazo fue mucho más que una explosión de rabia colectiva. Lo que se quebró aquel día fue una expectativa compartida. Para millones de colombianos, Gaitán representaba........
