Vacaciones de invierno: cuando el territorio no cabe en el calendario escolar
Ad portas del inicio de las vacaciones escolares de invierno, el autor de esta columna reflexiona sobre el calendario que se define desde el gobierno central. Señala que «el calendario escolar no solo organiza contenidos y evaluaciones; también estructura la vida cotidiana de millones de estudiantes, familias y comunidades. Modifica dinámicas laborales, sistemas de cuidado, desplazamientos y formas de organización territorial. Por lo mismo, pensar las vacaciones de invierno únicamente desde indicadores sanitarios nacionales termina invisibilizando otras dimensiones igualmente relevantes, como las condiciones climáticas locales, la conectividad o la infraestructura escolar».
Imagen de portada: Hans Scott / Agencia Uno
Durante los últimos años, el adelanto de las vacaciones de invierno se ha transformado en una política cada vez más normalizada dentro del calendario escolar chileno. Bajo el argumento de disminuir los contagios respiratorios en niños y niñas, las dos semanas de receso que históricamente se ubicaban en julio fueron trasladadas hacia fines de junio y comienzos de ese mes. Sin embargo, detrás de esta decisión aparentemente técnica, emerge una pregunta que rara vez se discute públicamente: ¿puede un país territorial y climáticamente diverso funcionar bajo una lógica escolar homogénea?
El problema no radica necesariamente en la existencia de vacaciones de invierno adelantadas, sino en la forma en que estas se diseñan e imponen desde una mirada profundamente centralista del territorio. Mientras en Santiago junio puede coincidir con un aumento de enfermedades respiratorias, en gran parte del centro-sur y sur de Chile julio continúa siendo el mes más complejo para sostener la vida cotidiana y, particularmente, las clases presenciales. Sistemas frontales intensos, ondas polares, inundaciones, heladas, problemas de conectividad y temperaturas extremadamente bajas forman parte de una realidad climática que no desaparece por decreto administrativo.
En regiones como Los Lagos, Aysén o sectores rurales de Ñuble y Biobío, julio es históricamente el período más duro del invierno. Muchas escuelas no cuentan con condiciones térmicas adecuadas para desarrollar clases en contextos de frío extremo. Salas mal calefaccionadas, infraestructura deficiente, humedad permanente, filtraciones y dificultades de traslado afectan directamente las condiciones de aprendizaje y permanencia en las aulas. En numerosos establecimientos rurales,........
