Banco Santander y modelo de sucesión: fondos, fundaciones y prosapia familiar
Hay deportistas que, tras una noche memorable, saltan al estrellato y ya nada vuelve a ser igual. Algo parecido sucedió a la vuelta de verano con la dupla de ejecutivos que forman Juan Pepa y Felipe Morenés. Tras años de una gestión deliberadamente discreta, lejos de los focos, vendían el 75% de Stoneshield, su firma de activos alternativos, al gigante estadounidense Franklin Templeton. Según las estimaciones del mercado, la valoración de la firma podría haber alcanzado los 800 millones de euros, en un momento de especial efervescencia de las compraventas entre las grandes gestoras de capital privado. Tras tomar participaciones en compañías como Meliá, Solaria o Exolum, y acumular 9.000 millones bajo el paraguas de la sociedad, Pepa y Morenés -a la sazón hijo de la presidenta del Banco Santander, Ana Botín, y del ingeniero agrónomo y financiero Guillermo Morenés- daban el pase a la firma apenas meses después del hito que supuso cerrar su cuarto fondo, el Stoneshield Opportunity Fund IV, que le inyectaba 1.500 millones para inversiones estratégicas y apuntalaba un proyecto con notable recorrido. En plena madurez profesional, con una empresa en su mejor momento, sin llegar a los 50 años Pepa y recién cumplidos los 40 Morenés, ambos daban un paso lateral, eso sí, tras hacer caja. Cuesta pensar que, andando el tiempo, no aprovechen las ventanas de salida que el acuerdo a buen seguro contempla para monetizar el 25% restante y poner su cabeza en aventuras más estimulantes. Desde luego, si no lo estaban ya, el ecosistema financiero madrileño les ha ubicado definitivamente en el escaparate.
Ana Botín cumplía en septiembre de 2024 diez años al frente del Santander. El banco se esmeraba en aquellos días en glosar los highlights de su gestión. Los números han sido siempre su particular algodón. El banco capitalizaba en torno a 100.000 millones cuando Botín tomó las riendas y hoy, superada la llanura bursátil provocada por los tipos cero, se mueve en los 175.000. El beneficio neto se situó por encima de los 14.000 millones de euros en 2025, una cota histórica que este año volverá a quedarse pequeña. Irreprochable. Sin embargo, en su décimo aniversario, algo no terminaba de hacer clic. Pese a sus ambiciosos objetivos, los planes estratégicos se habían revelado repetidamente continuistas y poco transformacionales; los frecuentes retoques del organigrama -con relevos demasiado recurrentes en posiciones clave y el fiasco de Andrea Orcel- afloraban cierta falta de tino, e incluso no faltaba quién ya se preguntaba cuál era el legado personal que Ana Botín perseguía dejar en la casa. Los últimos meses, a la hora de responder a esa pregunta, han sido casi más reveladores que todo el periplo anterior. Este mismo 2026, tras vender la filial de Polonia, Santander se hacía con TSB en Reino Unido y, después, con la nueva joya de la corona, el estadounidense Webster, por 12.000 millones de dólares. Dejaba claro así Botín que ambiciona un proyecto global, diferencial del resto de entidades europeas, con foco en el mercado anglosajón como entorno más desregulado. Todo dentro de una intensa transformación tecnológica y el desarrollo de una plataforma........










