Canarias y los papas
Nunca un Papa, en el tiempo de su pontificado, visitó las Islas Canarias. Sin embargo, siempre hubo una cercanía que, en épocas, fue álgida y ... muy determinante en la historia insular. Ahora, tras siglos de relaciones que se remontan al siglo XIV, un Papa llegará a esta encrucijada atlántica, que ha sido punto de encuentro entre continentes, crisol de culturas, camino de enorme trascendencia para las ideas y para la propia religión católica, y será un Pontífice en el que concurre el hecho de ser descendiente de una familia canaria, oriunda de La Palma, que emigró al Caribe, como han logrado establecer distintos historiadores y genealogistas. Una visita propuesta y buscada por distintos presidentes del Gobierno de Canarias en las últimas décadas, pero que nunca pudo concretarse por diversas causas, incluso por el Papa Francisco que, pese a su enorme interés en venir y por motivos de salud, no pudo realizar su viaje al encuentro con los migrantes en estas islas, aunque siempre mostró un afecto muy especial por este archipiélago, que sí conocía, y mostrando siempre su satisfacción por haber podido canonizar, en el año 2014, al lagunero y jesuita San José de Anchieta.
Es ineludible, en el devenir histórico de las Islas Canarias, la acción de muchos pontífices, incluso antes de que se conquistara y se poblara por europeos esta tierra atlántica, que se singularizaría en el acaecer de la historia intercontinental. Una temprana muestra de la acción papal en relación con Canarias se halla en la bula 'Tue devotionis sinceritas', por la que Clemente VI en 1344 erige el 'Reino de las Islas Afortunadas' en favor del príncipe Luis de la Cerda (1291-1348), pero con el compromiso de evangelizar las islas, al tiempo que le impone una serie de restricciones sobre los derechos de los habitantes, a los que debía proteger.
Al Papa Clemente VI (ejerció entre 1342 y 1352), miembro de la Orden de San Benito, y recordado por un pontificado azotado por una terrible epidemia de peste negra, lo que le obligó a absolver de sus pecados a cuantas personas fallecieron contagiadas, también se debe la bula 'Coelestis rex regum', dada el 7 de noviembre de 1351, por la que se erigió la primera diócesis de las 'Islas de la Fortuna', invistiendo como obispo de la misma al fraile carmelita Bernardo Font, a quién encomendó que buscara dónde establecerse y construir una catedral, un lugar que recibiría entonces el título de ciudad y sede episcopal con carácter misional. No muchos años después, el 2 de julio de 1369, el Papa Urbano V, en la carta 'Inter Caetera', la menciona ya como 'Obispado de Telde' al nombrar como tercer obispo al franciscano mallorquín fray Bonanat Tarí, al que denomina 'episcopi Teldensis'.
Muy relevante fue también para Canarias, y como antecedente de lo que décadas después, bajo el reinado de Isabel la Católica, acontecería en el Nuevo Mundo, el interés que el papa Eugenio IV mostró por lo que acontecía en Canarias, en especial tras recibir a un fraile oriundo de Gran Canaria, fray Alonso de Idubaren, que denunciaba la esclavización y los malos tratos que se daban a sus paisanos aborígenes de estas islas. Una labor en la que también se distinguió el obispo Fernando Calvetos, como recoge José Viera y Clavijo en su Historia de Canarias, quién destaca como «este abuso de la barbarie y de la violencia había llegado entonces a tal exceso, que se hacía un comercio considerable de esclavos isleños, se ponía en arrendamiento la ganancia y se pagaban derechos de aduana y señorío, igualmente que de los cueros de las cabras, de la orchilla y el sebo».
Entonces, con pulso firme, dictó el 13 de enero de 1435, en Florencia, la bula 'Sicut dudum', por la que se prohibía esclavizar a todos los canarios convertidos al cristianismo, así como que se devolviera la libertad y se retornara a sus islas a todos aquellos que habían sido vendidos como esclavos. Incluso la Santa Sede no sólo «destinó una partida presupuestaria para comprar en Sevilla a aquellos antiguos canarios que pudieron caer en manos de comerciantes sin escrúpulos», sino que anuló a Portugal «el permiso para conquistar Canarias, por la pasividad de Lisboa contra la esclavitud de los isleños».
En el año de 1462 el Papa Pio II (1458-1464), al que se debe una primera autobiografía firmada por un pontífice, emitió una nueva bula, 'Pastor Bonus', para defender a los aborígenes de Canarias, evitar que fueran esclavizados y su propio exterminio. Una copia de esta bula fue llevada como regalo al Papa Francisco, el 15 de enero de 2024, por el presidente del Gobierno de Canarias Fernando Clavijo, en una visita en la que ya se habló de la visita del Pontífice a Canarias, que ahora se materializa con la llegada de su sucesor León XIV. Estas intenciones del papado se reiteran por Sixto IV, que en 1476 emite una nueva bula, la 'Regimini Gregis', por la que se apercibe con excomunión a quienes esclavicen a los aborígenes canarios.
A comienzos del siglo XV, el 7 de julio de 1404, Día de San Marcial, Benedicto XIII, el Papa Luna, erige la diócesis del Rubicón en Lanzarote, aunque con jurisdicción sobre todo el archipiélago, incluidas las islas aún no conquistadas, siendo sufragánea de la archidiócesis de Sevilla. Más, treinta años después, dada la escasez de población y los continuos ataques piratas que sufría Lanzarote, el papa Eugenio IV también dicta la bula 'Romanus Pontificis Providentia', el 25 de agosto de 1435, por la que se determinó el traslado de la sede de Rubicón a Gran Canaria, lo que no se materializará hasta 1483, una vez concluida la incorporación a Castilla de esta isla, en tiempos del obispado de Juan de Frías. Tampoco debe olvidarse la efímera vida de la 'Diócesis de Fuerteventura', erigida por el Papa Martín V el 20 de noviembre de 1424, pero que fue suprimida en 1433, al ser trasladado a Málaga su único obispo, el franciscano Martín de las Casas.
El 14 de enero de 1484 los Reyes Católicos se dirigen al Papa, a través de su embajador en Roma, para que digan a su Santidad que «queremos fundar y edificar una Iglesia Catedral y otras Parroquiales». Como respuesta a ello el Papa Inocencio III, el 13 de diciembre de 1486, otorga a los Reyes Católicos el patronato de la Iglesia de las Islas Canarias.
En el trascurso de los siglos muchas serían las oportunidades en las que la Santa Sede tendría alguna relación significada con Canarias. Para Gran Canaria fue relevante que, en 1904, cuando la Iglesia celebraba las bodas de oro de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción, el Vaticano aceptara la propuesta elevada por el Obispo de Canarias obispo fray José Cueto y Díez de la Maza, gracias a la cual se concedió la Coronación Canónica de Nuestra Señora del Pino, que fue coronada solemnemente el 7 de septiembre de 1905. Once años después, por decreto del Papa Pio X, dado en Roma el 16 de abril de 1914, la Virgen del Pino sería designada patrona principal de la Diócesis de Canarias, y, el 13 de abril de 1916, el papa Benedicto XV concedería al templo de Teror el título de basílica.
Tampoco se olvidaría en esta isla aquel 28 de septiembre de 1934, cuando tuvo lugar la visita de un Cardenal que, cinco años después, sería coronado Papa. Eugenio Pacelli, el futuro Pio XII, que viajaba de paso para Buenos Aires, donde debía representar al Papa en el Congreso Eucarístico Mundial, arribó a la Bahía de Las Isletas sobre las ocho de la mañana del viernes 28 de septiembre de 1934, mientras las campanas de las iglesias lanzaban al aire sus repiques anunciando su llegada, siendo recibido por el Obispo de la Diócesis de Canarias Miguel Serra y Sucarrats, junto a otras autoridades eclesiásticas y civiles, así como el cónsul de Italia Sr. Martínis Marchi, junto con el embajador de Argentina en España, doctor García Mausilla, que acompañaba al Legado Pontificio en su viaje. En la Catedral, durante el Te Deum por la visita, la orquesta y coro de la Filarmónica interpretarían el 'Tu es Petrus' de Palestrina, algo que se recordó aquí cuando Pacelli fue revestido como Pio XII.
Hoy Canarias, al recibir la visita del Papa León XIV, revive con intensidad su elocuente relación con el Vaticano, a través de unos hechos que marcaron la historia isleña en muy diferentes épocas.
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