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Mal vamos

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12.03.2026

Aparta de mí, Señor del periodismo, el cáliz del corporativismo. Bastantes espejos nos da esta profesión para que, encima, vengan otros para alimentar nuestras vanidades, ... como si fuera esto fuera la secuencia de 'La dama de los espejos' de Orson Welles en la que él y Rita Hayworth aparecen repetidos decenas de veces en la pantalla.

Es lo que me vino a la cabeza este miércoles leyendo las páginas dedicadas por varios de medios de comunicación madrileños -antes decíamos 'nacionales', pero ahora es que son muy madrileños- a glosar la trayectoria del periodista Raúl del Pozo, fallecido un día antes.

Que la profesión ensalce a los grandes siempre es de agradecer; que se mire el ombligo ya es otra cosa. Y que los elogios incluyan pasajes donde lo que se encumbra es el exceso, pues quizás es propio del diván del psicoanalista. Lo digo por algo que vi en formato audiovisual la noche del martes y que pensé que no estaría impreso en negro sobre blanco un día después. Pero me equivoqué: ahí estaba Arturo Pérez Reverte para sacarme de mi error. Su particular in memoriam arranca así: «Se lo bebió todo, se lo jugó todo, se lo folló todo». Y quien editó el texto decidió elevar a categoría de sumario la siguiente frase: «Su última hazaña fue, con 88 años, besar en los labios a una bellísima doctora que le había hecho un reconocimiento médico».

Supongo que dentro de un par de siglos, cuando alguien esté sentado ante un aparato tecnológico preparando una tesis doctoral sobre el periodismo de finales del XX y comienzos del XXI en España, se tropezará con textos así y podrá escribir: «Así se comprende el declive de la profesión periodística, que acabó confundió el trabajo con el personaje, en un proceso donde este último devoró a aquella. Todo ello aderezado con los elogios de quienes pasaron de la información a las cumbres de la fama por el número de ejemplares vendidos de sus obras literarias».

Si para destacar los méritos de un periodista tenemos que elogiar que bebía mucho, jugaba en exceso y mantenía encuentros sexuales con toda persona que se le cruzara, entonces se puede entender algo mejor que se hable de una crisis estructural de esta actividad. Hubo un tiempo en que esto iba de contar lo que sucedía a gente que no sabía lo que había pasado o que, sabiéndolo, buscaba alguna explicación y que alguien situase los hechos en el contexto que los rodeaba. Ahora parece que esto va de presumir quién fue el primero que lo dijo y con quién se acostó la noche anterior. En fin...

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