Una condena construida sobre una mentira
Hace tiempo que muchos ciudadanos, demasiados, dejaron de confiar en la justicia en España. No porque se equivoque, toda institución humana lo hace, sino porque ha empezado a actuar como si hubiera olvidado sus propios principios. Como si hubiera renunciado a la neutralidad que la legitimaba. Como si, en ciertos casos, el fin justificara los medios.
La historia no comienza en un juzgado, sino en el otoño de 2016, cuando la Diputación de Badajoz, una institución provincial sin proyección nacional, publica la convocatoria para cubrir la jefatura de la Oficina de Artes Escénicas, responsable de coordinar los conservatorios de Extremadura. Dieciséis personas se presentan. Entre ellas, David Sánchez.
Años después, un bloque de organizaciones de ultraderecha: Manos Limpias, Vox, Hazte Oír, Liberum, Abogados Cristianos, Iustitia Europa, decide convertirlo en objetivo político. La denuncia no aporta pruebas: aporta titulares, recortes y ruido. No importó su formación, ni su trayectoria, ni que la plaza fuera pública, legal y disputada. No importó que Pedro Sánchez no tuviera ningún poder en 2016. Solo importó su apellido. David Sánchez no fue elegido por ser hermano de nadie: fue elegido porque era el mejor.
Así nació una causa penal construida sobre sospechas. Una causa que la........
