La avaricia rompe el saco
Durante más de treinta años nos hicieron creer que el turismo era la garantía de nuestro bienestar. Que cuanto más creciera el turismo, mejor viviríamos quienes habitamos estas islas. Y durante mucho tiempo quisimos creerlo porque los hoteles se llenaban, los aeropuertos no dejaban de crecer y cada temporada parecía superar a la anterior. Canarias aparecía ante el mundo como un ejemplo de éxito turístico.
Pero mientras las cifras batían récords, la realidad diaria empezó a complicarse.
Quienes vivimos aquí hemos visto cómo el turismo alcanzaba máximos históricos, al mismo tiempo que cada vez costaba más llegar a fin de mes. Hemos visto aumentar los ingresos turísticos, mientras acceder a una vivienda se convertía en algo casi inalcanzable, el coste de la vida subía sin freno y los salarios apenas avanzaban.
Y así fue creciendo una sensación difícil de ignorar: la de vivir en una tierra que genera más riqueza que nunca, mientras una parte importante de la población siente que cada año vive con más dificultades.
Ahí está la gran paradoja canaria.
Nunca había entrado tanto dinero en estas islas y, sin embargo, hoy existe más inseguridad económica que hace treinta años.
Los datos lo reflejan con una claridad imposible de disimular.
En 1995, Canarias ingresaba alrededor de 5.500 millones de euros procedentes del turismo. En 2025, esa cifra superó los 23.000 millones de euros. Pero lo verdaderamente relevante aparece cuando eliminamos el efecto de la inflación y observamos el crecimiento real de la riqueza. En euros constantes de 1995, el turismo ha pasado de generar 5.500 millones a casi 12.000 millones de euros en 2025. Es decir, la riqueza turística real se ha más que duplicado en apenas tres décadas.
Y, aun así, las condiciones de vida no han evolucionado al mismo ritmo.
El salario medio real en Canarias apenas ha aumentado un 3,7 % en treinta años. En términos de poder adquisitivo,........
