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Después del Pino, nuevos retos

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07.09.2026

Hay un instante, cada año, en que Gran Canaria se detiene para mirarse a sí misma. Ese instante llega con la romería-ofrenda a Nuestra Señora del Pino, cuando miles de personas llegan hasta Teror cargadas de frutos, de música y de fe, y la isla entera se reconoce en un mismo gesto. Es una auténtica manifestación de cohesión social, de identidad compartida, de orgullo tranquilo, de sentimiento de pertenencia y de solidaridad. Es, sobre todo, un acto de fe en el sentido más amplio de la palabra: fe en la tierra, fe en la comunidad, fe en que lo que nos une es más fuerte que lo que nos separa.

Después llega la fiesta principal, la que se centra en los actos religiosos. Y ahí, en esa doble cita -la romería y la celebracion-, se condensa nuestra manera de entender la isla: desde la unidad. Gran Canaria no se explica sin ese pino centenario que ha visto pasar generaciones, sequías, bonanzas y crisis, y que sigue en pie como recordatorio de que las raíces, cuando son profundas, resisten cualquier temporal. Cada mes de septiembre, cuando el olor a pan de leña, a gofio, chorizo y dulces se mezcla con el sonido de las parrandas y el rumor de miles de pasos sobre el mismo camino, comprendo por qué esta fiesta ha sobrevivido intacta a todas las transformaciones de la isla: porque no celebra un momento, celebra una manera de ser.

Y entonces, como cada año, todo empieza a girar de nuevo. Los niños y niñas regresan a las aulas, los hombres y las mujeres retoman sus trabajos, y con ellos arranca un nuevo curso político. Este que ahora comienza tiene, sin embargo, un peso distinto: es el último de este mandato. Y eso lo cambia todo, porque en las instituciones -en cualquiera de ellas- la gestión de estos meses se verá inevitablemente mediatizada por la batalla electoral que se avecina.

Lo digo con la tranquilidad de quien ha aprendido, con los años, una convicción que no ha dejado de confirmarse: lo que no se ha hecho, o no se ha sabido transmitir durante un mandato entero, no se puede vender de manera precipitada en los últimos meses. La política no admite atajos de última hora. Por eso me produce cierta perplejidad -y hasta ternura, si soy sincero- ver a tantos compañeros y compañeras de la vida pública volcados estos días en TikTok, en Instagram, en pódcast, etc, vendiendo contenido en lugar de ofrecer respuestas. La ciudadanía no........

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