Miedo a la oscuridad
Autor(es): Rafael Pérez
Con la intención de remediarlo, su madre lo llevó al jutjutsu (*). Después Benito Guerra Ramírez se convirtió en maestro de varias artes marciales, ha formado a más de un centenar de alumnos y combatió fusil en mano en casi 40 oportunidades en Angola
La confesión sorprende porque quien la hace lleva una espada japonesa entre las manos, ha dedicado más de medio siglo a las artes marciales y conserva la serenidad de quienes aprendieron a convivir con la disciplina, el esfuerzo y el dolor.
Sin embargo, Benito Guerra Ramírez, ahora 9no. Dan, sonríe y recuerda:
—Yo le tenía miedo a la oscuridad cuando era niño.
A veces las grandes historias comienzan así. No con una victoria, una medalla, ni siquiera una vocación. Comienzan con un miedo.
Su madre buscó ayuda. El médico le sugirió inscribirlo en cualquier disciplina de combate. Podía ser boxeo, judo o cualquier otra. Lo importante era que el niño ganara confianza.
Ella conocía a Sejitochi Morita, considerado el padre del jujutsu en Cuba. Trabajaban en el entonces centro deportivo Armando Mestre. Un día tocó a su puerta.
La respuesta del maestro quedó grabada para siempre en la memoria familiar.
—¿Te acuerdas cuando te dije que ese niño que venía en camino sería alumno mío?
Morita lo había dicho años antes, cuando la madre de Benito todavía estaba embarazada.
Y cumplió su palabra.
A partir de ese encuentro comenzó una relación que duraría doce años y marcaría toda una vida.
“Cuando pase de esta verja para acá es mío; de la verja para allá es suyo”, le advirtió a la madre.
Benito tenía apenas seis años.
Hoy, con 63, todavía recuerda aquella escena.
La historia podría parecer exagerada en quienes observan las artes marciales desde afuera.
Morita pertenecía a una generación formada bajo códigos extremadamente rígidos. Sus métodos de enseñanza resultarían difíciles de entender para muchos padres actuales.
Los castigos incluían........
