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BOHEMIA, una antigüedad que respira

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27.02.2026

BOHEMIA, una antigüedad que respira

Autor(es): Rafael Pérez

Decana de América Latina entre las revistas de temas variados de curso ininterrumpido y una de las pocas del mundo que han atravesado más de un siglo sin detenerse, avanza hacia los 120 años con la firmeza de quien ha sobrevivido a todas las tormentas

Hay objetos que parecen desafiar al tiempo y luego están las revistas que lo acompañan como quien camina junto a un viejo amigo. Abrir hoy un ejemplar de BOHEMIA –que ha atravesado más de un siglo sin perder el pulso– no es solo hojear papel: es rozar la piel de un testigo.

Según el estudio realizado –abierto, así debe ser toda investigación honesta, al contraste y la discusión–, puede considerarse la revista de temas generales más antigua de América Latina que ha permanecido en circulación sin interrupciones verificadas.

En un continente donde tantas publicaciones brillaron y se apagaron, su permanencia es una rareza luminosa.

Otras cabeceras emblemáticas del siglo XX en América, entre ellas, las estadounidenses Time (1923) o The New Yorker (1925), llegaron después.

En Iberoamérica, históricas como la argentina Caras y Caretas (1898) o la chilena Zig-Zag (1905) vivieron pausas, cierres o transformaciones rompiendo su trayectoria.

BOHEMIA, en cambio, siguió. Siguió cuando el país cambiaba de piel. Siguió cuando el mundo parecía desmoronarse. Siguió cuando tantas otras se quedaron en silencio. Siguió avanzando, año tras año, como un río que no acepta diques.

Es la decana indiscutible de América Latina entre las publicaciones de corte general. Y su nombre figura, con justicia, entre las más longevas del mundo en su categoría.

En el escenario mundial de las sobrevivientes del vértigo del tiempo, conversa con pocas, pero ilustres, compañeras de viaje. Allá en Londres, The Spectator (1828) sigue afinando su ironía política; The Economist (1843) continúa descifrando el pulso del planeta; en Nueva York, Harper’s Magazine (1850) mantiene su vocación de crónica; y The Nation (1865) persiste en su mirada crítica.

Son publicaciones nacidas antes, sí, y están unidas por la misma obstinación de permanecer.

En ese pequeño club de longevidades continuas, BOHEMIA ocupa un lugar propio: no por ser la primera, sino por haber llegado con una fidelidad que pocas pueden reclamar.

La obstinación de permanecer

Nació en una Habana que aún olía a pólvora de independencia y a romanticismo de ópera italiana.

Aunque pronto dejó atrás la delicadeza de sus primeros pasos para convertirse en algo más terrenal: un espejo del país, un escenario donde se asomaban sus alegrías, heridas, contradicciones.

Su historia es una epopeya de tinta. Tras un comienzo incierto en 1908, el relanzamiento de 1910 encendió una marcha y no se ha detenido ante guerras, crisis, ciclones, cambios de época o de destino.

Es una antigüedad, sí, una antigüedad que respira. Una antigüedad que late. Una antigüedad que recuerda.

Hoy BOHEMIA permanece en medio de las dificultades del país. Sostiene el peso de su historia sin inclinarse. Avanza hacia sus 120 años con la obstinación serena de la palabra que se niega a callar.

En 2023, cuando BOHEMIA alcanzó los 115 años, la celebración fue también un acto íntimo: mirarse en sus propias páginas como quien revisita una casa llena de voces.

Desfilaron las secciones de siempre –En Cuba, Cultura, Deportes…– junto a fotografías rescatadas de un archivo que guarda décadas de país. Volvieron figuras esenciales, opiniones diversas, momentos que marcaron época.

Regresaron, además, páginas memorables: la primera traducción al español de El viejo y el mar, que Ernest Hemingway confió a la revista en los años 50; y la publicación adelantada de El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez, cuando aún era un rumor creciente.

Hasta el Crucigrama –apareció por primera vez el 11 de marzo de 1928– ocupó su sitio habitual, como una pequeña ceremonia de permanencia.

Celebrar fue, en el fondo, comprobar que la memoria no es un archivo inmóvil, sino una forma de permanencia.

Antes de convertirse en industria, las revistas fueron conversación. En 1663, en Alemania, Erbauliche Monaths-Unterredungen reunió reflexiones literarias y filosóficas bajo el impulso de Johann Rist. No era todavía la revista moderna, pero sí el germen: la idea de volver cada mes al lector y sostener un diálogo más allá del instante… Décadas más tarde, en 1731, The Gentleman’s Magazine consolidó en el Reino Unido el formato de miscelánea: noticias, ensayos, comentarios y curiosidades compartiendo un mismo espacio, como si el mundo pudiera organizarse en páginas sucesivas… En América, en 1693, el Mercurio Volante, de Carlos de Sigüenza y Góngora, ofrecía entregas sobre eclipses y fenómenos naturales. Eran folletos, sí, pero ya latía en ellos la voluntad de continuidad: regresar, explicar, persistir… Desde entonces, cada revista que sobrevive no solo informa: resiste. Y en esa tradición de conversaciones que atraviesan siglos, BOHEMIA no es una excepción tardía, acaso una heredera consciente de aquella primera obstinación impresa.

Historia del Periodismo Universal; Biblioteca Nacional José Martí; Cubaperiodistas; Revista Visión; Sitio oficial de Bohemia; EcuRed; Wikipedia; blog La mirada de Palas; Periódicos Historicos; Nueva Sociedad; The Illustrated London News (historia editorial recogida en obras de historia de la prensa y hemerotecas digitales especializadas); Enciclopedia de Publicaciones Periódicas Iberoamericanas.

bohemia, Cuba, prensa

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