El bastón
Estaba hipnotizado, anclada la mirada en ese puntico algo lejano. Se sentía bravío cual mar en fiesta de sal enroscada al viento. Las palpitaciones sucedieron súbitas con tan solo imaginar a la hembra, entre turgente y tímida de carnes. Flotaba, y aunque hacía un buen tiempo, tenía bajo siete candados un pasado vigoroso; el campanazo de la atracción puramente sexual le ensordecía. “¿Qué le puso la vieja al café, azúcar afrodisiaca?”, caviló.
Necesitaba estar vivo de verdad, igual de imprudente como en sus primeros treinta años. “Es mentira que uno olvida ese tiempo en que las........
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