La alternativa corporativa frente al colapso estructural del mercado
El espejismo del libre mercado ha terminado por desmoronarse definitivamente, dejando a su paso un rastro de devastación social e institucional que ya no se puede ocultar bajo consignas tecnocráticas.
En este 2026, la realidad material de las familias es dramática: una inflación asfixiante y endémica devora el poder adquisitivo de los salarios reales mes a mes, mientras el desempleo estructural avanza sin tregua, destruyendo el tejido productivo y arrastrando a la clase media y a los sectores populares hacia la incertidumbre y la precariedad.
Frente a este escenario catastrófico, la intelectualidad económica oficial ha quedado totalmente al descubierto en su propia inutilidad. Los economistas ortodoxos, atrapados en sus dogmas abstractos, recetas macroeconómicas añejas y simulaciones estadísticas vacías, asisten ciegos, mudos e impotentes al desastre.
No pueden, o simplemente no saben, cómo detener una crisis que sus propios modelos de desregulación provocaron. Su parálisis actual no es un mero bache teórico; es una quiebra analítica que pretende condenar al país a una postración permanente bajo el pretexto de leyes de mercado supuestamente inmutables y naturales.
La crisis actual demuestra que abandonar la economía al arbitrio de las finanzas transnacionales y a la especulación sin patria es........
