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No estamos en la era de la posverdad

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12.08.2026

La expresión «era de la posverdad» fue popularizada por Ralph Keyes en 2004, aunque el uso político contemporáneo del término se remonta, al menos, a Steve Tesich, quien escribió sobre un «mundo de posverdad» en 1992. Keyes la utilizó para describir la normalización cotidiana de las medias verdades, los eufemismos y el engaño.

Hoy, con el avance de las plataformas digitales y, sobre todo, de las redes sociales, el fenómeno nos lleva no solo a dudar de los mensajes que recibimos, sino también a preguntarnos si somos —o hemos sido— víctimas de información distorsionada, ya sea por una estrategia deliberada, por un error o por simple ignorancia.

Harry Frankfurt sostuvo que la indiferencia frente a la verdad puede ser incluso más destructiva que la mentira, porque quien miente todavía necesita reconocer aquello que intenta ocultar. Quien construye un discurso sin preocuparse por su veracidad, en cambio, abandona por completo la obligación de responder ante la realidad.

Y vaya que observamos esa indiferencia en las redes sociales y en sitios digitales mal llamados «informativos», caracterizados por la ausencia de intermediación y edición periodística. Sin embargo, la intermediación no desapareció: hoy también es ejercida por algoritmos, plataformas, influencers, administradores de comunidades y sistemas publicitarios, entre otros actores.

El objetivo de esta columna, sin embargo, no es profundizar en todo el fenómeno, sino poner en discusión la expresión desde una perspectiva conceptual.

¿Qué imaginamos cuando escuchamos hablar de «la era de la posverdad»? Probablemente pensemos que estamos inmersos en una transformación tan enorme y singular que habría inaugurado una época completamente nueva; un fenómeno capaz de marcar un antes y un después en la manera en que la humanidad comprende,........

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