El Mundial de la visibilidad: fútbol, protesta y derechos humanos en Irán (1979-2026)
Medio siglo después de la Revolución de 1979, el deporte más popular de Irán sigue funcionando como escenario de propaganda, mecanismo de castigo y campo de resistencia. De la expulsión de Karimi por no ayunar en Ramadán al asesinato de Mehran Samak en Bandar Anzali, este artículo recorre los casos que mostraron al mundo que, en Irán, patear el balón o negarse a cantar el himno pueden tener un costo mortal.
El fútbol en Irán no es solo un deporte: es un campo de disputa entre un Estado teocrático y una sociedad civil cada vez más secular. Desde 1979, el régimen iraní ha comprendido que el deporte más popular del país no podía reprimirse por lo que apostó a controlarlo.
En el ensayo Controlling Iranian Soccer Is Mastering Iranian Politics, James M. Dorsey, experto en geopolítica del deporte, describe esta evolución con la metáfora del péndulo: «el péndulo ha oscilado desde un rechazo ultraconservador inicial hacia los deportes modernos hasta la comprensión de que el fútbol, como la religión, era difícil, si no imposible, de reprimir».
Dorsey concluye que los líderes teocráticos iraníes optaron por gestionar políticamente el fenómeno: una actividad capaz de provocar pasiones profundas, lealtades tribales/étnicas y un sentido de identidad que compite con las emociones asociadas a la religión. Esa decisión abrió una era en la que el control se ejerce en tres frentes simultáneos: las instituciones, la moral pública y la coerción directa contra quien desafíe el sistema.
Cómo el Estado controla las instituciones
El antropólogo Christian Bromberger, en Football and the authoritarian regime in Iran, documenta que bajo la República Islámica «la mayoría de los clubes pertenecen a agencias gubernamentales o empresas estatales». Las elecciones internas de la Federación son revisadas permanentemente por la FIFA, quien en 2006 suspendió al fútbol iraní de toda actividad internacional por injerencia estatal, obligando a la Federación iraní a aprobar nuevos estatutos.
El caso del Traktorsazi resulta emblemático: «desde 2011 los Guardianes de la Revolución y la provincia de Azerbaiyán poseen el 80% del equipo». Las consecuencias se traducen en una industria desfinanciada, sin derechos de propiedad claros y con discriminación estructural hacia la mujer. La subinversión en seguridad de los estadios ha generado tragedias recurrentes: aficionados murieron en el Estadio Azadi en 2007 y un niño de 8........
