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Irán: cuando se relativizan los crímenes y el silencio se hace cómplice

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27.04.2026

Condenar la política agresiva de Trump y Netanyahu no debe relativizar ni silenciar el terrorismo iraní.

Relativizar los abusos y violaciones de los derechos fundamentales, así como callar ante los crímenes contra la humanidad que vemos a diario, es un fenómeno que forma parte de nuestra realidad cotidiana. Lo observamos en los medios de comunicación y redes sociales, en una academia cada vez más ideologizada y empobrecida y hasta en las conversaciones dentro de nuestro entorno cercano.

Generalmente, esta relativización se hace sutilmente, o para ser más preciso, solapadamente. Se recurre a la técnica del “empate”, esa que consiste en reconocer que un hecho es condenable, pero agregar otro comparable; como si el oprobio requiriera de una romana que lo equilibre. El otro recurso es utilizar ese ambiguo “sin embargo” que acompaña la condena, argumentando exclusas o un contexto que explicaría lo abominable, sin tomar una posición de principio sobre el hecho o situación.

Estos últimos días, casi todos los sectores reprobaron la miserable encerrona de algunos estudiantes de la universidad a Valdivia a la ministra Lincolao. Pero hubo organizaciones estudiantiles y “juventudes” de partidos políticos que, en sus respectivas declaraciones, agregaron ese “sin embargo” al que nos referimos. “Lo ocurrido no justifica criminalizar el legítimo derecho a expresarse” (sic) —afirmaron—; como si la agresión formara parte de una expresión legítima. Después, el silencio de quienes acostumbran a manifestarse a la primera ocasión que se presenta no hizo otra cosa que tratar de ocultar lo repugnante.

Esta relativización, que muchas veces esconde una aceptación de hechos o situaciones deleznables, es preocupante y amerita nuestra atención. Lo que debiera ser........

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