Magia y equilibrio en la cuerda floja: biministros y un examen por rendir en la Cuenta Pública
La caída en tándem de Trinidad Steinert en Seguridad y de Mara Sedini en la vocería no es un simple raspón cosmético; es la confesión explícita de que las trincheras ideológicas son pésimos parachoques.
Se acerca el primero de junio y el Congreso Pleno se prepara para recibir la primera Cuenta Pública del presidente José Antonio Kast. Un hito republicano que, en teoría, debería ser el fin de la emergencia, pero que en la práctica se ha transformado en un examen de admisión rendido en tiempo récord: apenas 83 días en La Moneda y ya tuvo que hacer un cambio de gabinete. Por ello esta pierde toda la magia que podía tener y es un examen a rendir.
Si miramos el retrovisor de la historia reciente, las primeras cuentas públicas siempre han sido un ejercicio de voluntarismo y sueños. Cómo olvidar el debut de Gabriel Boric en 2022, aquella maratónica alocución de dos horas y quince minutos donde se prometieron trenes para Chile, refundaciones varias, la condonación del CAE y 65 mil viviendas dignas, todo envuelto en un aura de “oportunidad histórica” que terminó estrellándose contra el realismo sin renuncia del plebiscito de septiembre de 2022.
En ese entonces el Frente Amplio descubrió —a porrazos— que gobernar no es lo mismo que tuitear. Cuatro años después, los republicanos parecen estar descubriendo que gobernar no era inventar frases creativas, o tener una vocera sin diseño y Sin Filtros.
Llegamos a este mayo de 2026 con una sorpresa. El libreto original de........
