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El 13 Martes de Gabriel Boric

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18.01.2026

Nada más brumario que renegar de lo que uno mismo firmó. Nada más farsesco que decir “no es mío” cuando figura en el catecismo oficial del gobierno. La inocencia, una vez más, como doctrina.

Marx escribió El 18 Brumario de Luis Bonaparte para explicar cómo la historia, cuando se la invoca sin comprenderla, vuelve primero como tragedia y luego como farsa. No era un recurso literario: era un diagnóstico político.

Su objetivo era mostrar al sobrino como una imitación farsesca del tío, un gobernante que se sostuvo más en el disfraz que en el poder real. Gobernó representando un pasado que ya no existía, convencido de que el gesto podía reemplazar a la conducción.

Gabriel Boric encarna con disciplina esa misma lógica histórica. No como tragedia —esa ya ocurrió— sino como farsa consciente. Su gobierno ha sido una sucesión de símbolos heredados, consignas recicladas y relatos morales que remiten a un tiempo que ya no tiene eficacia política.

Boric no es Allende ni es Bachelet. Es la copia de ambos en versión deslavada: Allende sin tragedia, Bachelet sin convicción. Lo rodea, además, un equipo más preocupado de preservarlo como inocente que de ejercer efectivamente el poder.

Y el pasado martes 13 las cosas ocurrieron de manera particularmente elocuente. El fallo judicial del caso Gatica exculpó al comandante Crespo, pese a establecer que fue él quien disparó los proyectiles que........

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