El acoso a Vinicius
No comparto la bella fantasía que atribuye efectos moralizantes al deporte gestionado como industria del entertainment. Menos, aún, creo que los deportistas estén sujetos a un deber especial propio de ejemplaridad social. Las biografías de muchos campeones aportan ejemplos de valores socialmente útiles, cierto, pero no habríamos conocido a buena parte de los que admiramos de haber sido exigible ese deber de ejemplaridad.
Para lo demás, están la ley y los reglamentos. Como para los organizadores de las competiciones y los clubes. Sujetos a deberes de prevención de la violencia y de evitación de conductas no menos violentas, por atentar contra la dignidad de la persona, como el racismo o la intolerancia. Dichos deberes no nacieron del vicio de regular la vida privada, sino del desastre en que se convirtieron los estadios de fútbol en los ochenta. El que no sepa de qué desastre hablo, que guglee Heyssel o Zabaleta.
La masa se convierte, con mucha facilidad, en el sumatorio de la peor versión de quienes la integran. Induce comportamientos patológicos en personas........
