Lo que no supe construir
Ayer caminé por el galpón vacío de lo que alguna vez fue nuestra cooperativa de carpintería. El techo se está cayendo. Las máquinas fueron vandalizadas, ya son chatarras oxidadas, parecen animales muertos en medio del silencio. En la pared desteñida aún se lee, con letras rojas carcomidas por la humedad, un cartel que dice: "Cooperativa Los Hijos de Dios en Revolución – Control Obrero en una Patria Socialista".
Me senté en el piso sucio y lloré. Lloré como no había llorado desde que murió tu abuelo. Lloré por ti, por mí, por todos los hijos de esta revolución que se nos escurrió entre los dedos como agua sucia. La misma agua que decíamos que íbamos a potabilizar para el pueblo.
No te escribo para convencerte de que regreses. Perdí ese derecho. Te escribo para aceptar mi culpa. La nuestra. La mía. Porque tú no te fuiste por falta de conciencia. Te fuiste porque nosotros, los que creímos con fervor casi religioso en el Comandante Chávez, fracasamos en construir la alternativa económica que te diera un empleo digno, un futuro cierto, una razón material para quedarte y construir la Venezuela socialista.
Y no me valen las excusas, hijo. Aunque las tengo. Aunque podría hablarte del bloqueo criminal, de las medidas coercitivas unilaterales, de la guerra económica, de los ataques especulativos contra la moneda. Podría recordarte cómo el imperio nos asfixió, cómo las transnacionales nos cerraron el crédito, cómo nos sabotearon la industria petrolera, cómo los apellidos de los burgueses apatridas, entregados al capitalismo yanqui nos declararon la guerra sin cuartel desde el 2001. Todo se agudizó con el asesinato del comandante Chávez en el 2013; en el 2014 arremetieron con guarimbas y una desestabilización económica donde el precio del crudo se desplomó. A Nicolás le tocó gobernar con las uñas y en medio de un cerco infame, hasta el ataque terrorista de los EE. UU. contra nuestra soberanía el pasado 3 de enero, con el asesinato de centenares de compatriotas y el secuestro impune de Nicolás y Cilia; hoy son trofeos del imperio.
Podría decirte todo eso. Y sería verdad. Pero no sería toda la verdad.
La verdad completa, la que debo decirte ahora sin tapices ni consignas, es que nosotros, los padres y madres de esta revolución, no estuvimos a la altura del deber cumplido. El Comandante Chávez nos dio las herramientas. ¡Nos las dio, carajo! Nos dio los principios de nuestra revolución en el Libro Azul, nos dio la constituyente con nuestra Constitución de la República Bolivariana, las leyes habilitantes y las del poder popular.........
