Un pueblo que elige la paz frente a la miseria
La tragedia no debería ser jamás un escenario para la ambición política. Cuando un pueblo llora a sus muertos, busca a sus desaparecidos o intenta levantarse en medio de la incertidumbre, lo que espera de todos sus dirigentes, sin distinción alguna, es un mínimo de humanidad. En esos momentos, el deber moral consiste en acompañar, aliviar el sufrimiento y contribuir a la serenidad colectiva, no en convertir el dolor en un instrumento para la confrontación.
Resulta profundamente doloroso observar cómo, en medio de circunstancias tan difíciles para Venezuela, algunos sectores optan por alimentar una narrativa de conflicto permanente. Mientras miles de familias enfrentan la angustia y las consecuencias de la tragedia, aparecen voces que parecen más interesadas en acelerar una agenda política que en tender una mano solidaria a quienes hoy más lo necesitan.
En ese contexto, se había creado desde el extranjero una matriz de opinión impulsada por venezolanos que cuestionaban la gobernabilidad del país y que, con antelación, habían fijado para el 3 de julio una concentración en la plaza Brión de Chacaíto para alzar su voz en contra del gobierno. Todo estaba planificado; solo que no contaban con el terremoto, y aun así persistieron en su propósito de socavar la paz del país. No les importó nada. A esa matriz le agregaron la de que........
