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Relación de la Mujer Aborigen en la Historia Ancestral Latinoamericana

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14.03.2026

En el marco del mes de marzo, mes dedicado a la mujer, desde este artículo examinemos el rol de la mujer aborigen, donde su labor era esencial para la supervivencia y el desarrollo de pueblos enteros ya que la historia ancestral de América Latina está tejida con las contribuciones invisibles, pero fundamentales de las mujeres aborígenes, quienes desempeñaron múltiples roles, que moldearon sociedades complejas y resilientes, antes de la llegada de los europeos; en las culturas precolombinas, hasta las tradiciones, orales transmitidas por generaciones, estas mujeres no eran figuras secundarias, sino guardianes del conocimiento, productoras de bienestar social y agentes de cambio cultural. Su influencia se manifiesta en áreas como la agricultura, la medicina, la religión y la organización comunitaria. Desde esa visión, examinemos estos aspectos, reflexionando del modo cómo el rol de la mujer aborigen ha sido sub-representado, en narrativas coloniales dominantes, que proponen una visión no coherente con la realidad ancestral.

En primer lugar, el rol económico y productivo de la mujer aborigen fue esencial en la subsistencia de las comunidades ancestrales. En civilizaciones como mayas y aztecas o incas, las mujeres controlaban gran parte de la producción agrícola, cultivando maíz, frijoles y calabazas mediante técnicas avanzadas como la milpa, que garantizaba la seguridad alimentaria. Por ejemplo, entre los incas, las ayllus (unidades familiares), dependían de las mujeres para procesar alimentos y textiles, mientras que en las culturas chibchas y mapuches, ellas lideraban los mercados locales y artesanías que impulsaban intercambios económicos. Esta participación económica no solo sustentaba alianzas políticas, sino que también empoderaba a las mujeres, como intermediarias en las redes comerciales, como se observa en sitios arqueológicos de Teotihuacán (México), donde esculturas femeninas representan diosas productoras, desde la prehistoria hasta la antigüedad clásica, que simbolizan fertilidad, abundancia y la conexión con la tierra y la naturaleza. Sin embargo, la conquista española impuso jerarquías patriarcales, que marginaron estas contribuciones, relegando a las mujeres a espacios domésticos bajo el sistema colonial.

Otro ámbito crucial es el espiritual y ritual, donde las mujeres aborígenes actuaban como mediadoras entre lo humano y lo divino. Figuras como la diosa madre en mitologías mayas como Ixchel, una de las deidades más importantes en la mitología maya, venerada como la diosa de la luna, el amor, la fertilidad, la gestación, la medicina y los trabajos textiles, o en la cultura inca: Pachamama, traducida como "Madre Tierra" o "Madre del mundo" en quechua y aimara, es la deidad máxima de la cosmovisión andina, que representa la fertilidad, el tiempo y la naturaleza.

Estas deidades femeninas, simbolizaban fertilidad y protección, y sus sacerdotisas presidían ceremonias que regulaban ciclos estacionales y rituales funerarios. Entre los guaraníes y caribes, las mujeres curanderas (yara), utilizaban plantas medicinales recolectadas por ellas mismas, para sanar enfermedades, integrando cosmología aborigen, con prácticas terapéuticas. Estudios etnohistóricos revelan que estas mujeres mantenían el equilibrio cósmico, como en las danzas rituales de los huicholes, un pueblo aborigen de la Sierra Madre Occidental en México, donde participaban activamente en visiones colectivas. A pesar de la evangelización violenta, muchas resistieron imponiendo sincretismos que preservaron su herencia espiritual, transformando templos coloniales en espacios de devoción mestiza.

Finalmente, el rol político y social de la mujer aborigen residió en su capacidad organizativa y defensa comunitaria. En estructuras matrilineales como las de los zapotecas o moches, las mujeres nobles heredaban tierras y títulos, influyendo en decisiones tribales. Durante conflictos internos o invasiones externas, como las guerras contra los incas, líderes femeninas o cacicas locales coordinaban estrategias defensivas. Posteriormente, en movimientos de resistencia poscolonial, esta tradición persistió en luchas por derechos territoriales. Hoy, en comunidades vivas como las kuna o shipibo-conibo, un pueblo indígena amazónico asentado principalmente a orillas del río Ucayali en Perú, las mujeres continúan liderando iniciativas ambientales y culturales, demostrando la continuidad de su legado. Reconocer este rol ancestral es vital para corregir sesgos históricos y fomentar la igualdad de género en América Latina contemporánea.

Las culturas aborígenes venezolanas, ricas en diversidad étnica y lingüística, han visto a las mujeres jugar roles centrales en la preservación de tradiciones, la economía y la resistencia cultural. Antes de la colonización española, estas mujeres no solo producían bienes esenciales, sino que también influían en decisiones sociales y espirituales, en sistemas matrilineales o paritarios. Basado en evidencias etnohistóricas y antropológicas, veamos aquí ejemplos de tres grupos principales: los pemones, los wayúu y los yanomami. Cada uno ilustra cómo las mujeres impactaron positivamente en sus comunidades, desde la gestión de recursos hasta la defensa territorial.

En la cultura pemón, habitan principalmente en el sureste del país, cerca de la selva amazónica y las Guayanas. Las mujeres pemón son expertas en la recolección y procesamiento de miel silvestre, una actividad económica vital que genera ingresos para el clan familiar. Históricamente, ellas lideraban expediciones colectivas hacia colmenares lejanos, utilizando también, conocimientos ancestrales sobre avistamiento de señales naturales, para implementar los cultivos y obtener buenas cosechas. Además, en la organización comunal, las mujeres pemón, ocupan cargos como kawésqar (guardianas de saberes orales), transmitiendo mitos y leyendas que fortalecen la identidad étnica durante reuniones chamánicas.

Un ejemplo notable es su rol en la resistencia contra la minería ilegal moderna: mujeres como las de la comunidad de Kariña, han encabezado protestas pacíficas, destacándose como guardianas de la Reserva Forestal de Imataca, liderando esfuerzos para revitalizar zonas afectadas por la tala y la minería. Actuando como defensoras de su territorio, estas lideresas promueven la conservación ambiental frente a la explotación, marcando el camino hacia la protección de los bosques y aguas, logrando campañas que protegen ríos sagrados y territorios ancestrales, demostrando una incidencia continua en la conservación ambiental.

Los wayúu, originarios del noroeste venezolano y extendiéndose al sur de Colombia, tienen una sociedad matriarcal fuerte, donde las mujeres dirigen el hogar y la economía. Ellas son reconocidas por su habilidad en la elaboración de hamacas y bolsos tejidos, entre otras manualidades que sirven para el trueque regional. Hoy, su incidencia se ve en la promoción de cooperativas feministas que exportan productos artesanales, empoderando económicamente a miles de familias y preservando idiomas como el wayuunaiki, la lengua materna del pueblo wayúu. Esta participación ha sido importante en la adaptación pos-colonial, convirtiendo amenazas económicas en oportunidades culturales. Desde contextos históricos, durante la conquista y la colonia, las mujeres wayúu organizaron alianzas contra los invasores españoles, usando redes de afinidad, para coordinar defensas en la región.

En la cultura del pueblo yanomami, habitantes de la frontera entre Venezuela y Brasil, las mujeres juegan un papel fundamental en la subsistencia y la diplomacia intercomunitaria. Recogen frutos silvestres, raíces y semillas, asegurando la nutrición grupal, y participan activamente en rituales chamánicos, dirigidos por shamanes femeninos, que tratan enfermedades mentales y físicas mediante plantas medicinales, preparadas exclusivamente por ellas.

Un caso emblemático, es el de las mujeres yanomami en disputas territoriales, durante enfrentamientos con mineros extranjeros en los años 90, ellas formaron delegaciones para negociar acuerdos con autoridades venezolanas, logrando la creación de reservas indígenas, que salvaguardan su biodiversidad. Su voz en asambleas colectivas ha influido en políticas nacionales, destacando su rol como custodias, de la ecología amazónica, aunque se presenta como una tarea difícil, debido a la alta influencia de las mafias extractivista. Estos ejemplos muestran cómo las mujeres aborígenes venezolanas han sido motoras de resiliencia y cambio, superando barreras coloniales, para mantener viva su herencia. Sus contribuciones van más allá de lo doméstico, extendiéndose a la gobernanza y la sostenibilidad.

Para finalizar me voy a referir a la cultura que encontraron los colonizadores europeos cuando llegaron al sureste de lo que hoy es Estados Unidos, en los siglos XVII y XVIII: una civilización en la que las mujeres tenían poder real y verdadero: social, político y económico controlaban el hogar, las cosechas y la vida familiar, eran las mujeres de los pueblos cheroqui. Una sociedad matrilineal donde la identidad y el clan venían de la madre, no del padre. Los hijos pertenecían a la familia materna. Los bienes y las responsabilidades familiares pasaban por la línea de la madre. Las mujeres eran la base económica de los cheroqui, ellas eran las que administraban los bienes familiares. Ellas negociaban directamente con colonos angloamericanos durante la época de la Guerra de Independencia.

Luego de la guerra independentista, el gobierno de Estados Unidos decidió que eso no era aceptable. Llegó la expulsión forzada. El momento conocido como "El Sendero de Lágrimas", cuando surgen los internados creados para borrar las culturas aborígenes; las políticas federales que reconocían solo a dirigentes varones y relegaban la autoridad tradicional de las mujeres; los misioneros que enseñaban que ellas debían ser calladas, sumisas y secundarias. Entonces se impusieron leyes y modelos ajenos que debilitaron los derechos de las mujeres y fueron desmontando, pieza por pieza y generación tras generación, el sistema matrilineal que había sostenido a la sociedad cheroqui. Pero de igual manera, también sucedió con las mujeres de todo el continente Abya Yala Hoy América.


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