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La Tragedia de Vargas…perdón de la Guaira Decolonialidad del Cuerpo y Planificación Territorial para la Vida

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10.07.2026

Hace cerca de 27 años, las parteras y parteros de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV) fueron las intensas lluvias en todo el territorio nacional de noviembre de 1999, que culminaron con el mayor desastre natural y antrópico del estado Vargas la noche del 15 de diciembre de ese mismo año y días sucesivos. “… generaron erosión, desprendimiento de capa vegetal, arrastre de sedimentos y flujos de lodo de alta densidad que desplazaron rocas de gran magnitud, destruyeron edificaciones e infraestructura, alteraron historias locales, modificaron el frente costero, con el depósito de unos 20 millones de m3 de sedimentos, lo que produjo severos daños en asentamientos urbanos, muerte y desolación en Vargas y un gran pesar en el país. Algunos especialistas estiman que el período de retorno para lluvias similares en Vargas, es de 500 años, un evento excepcional”. (Carlos Genatios, 2010).

Fue el latido inevitable de un planeta vivo, la modernidad occidental se ha construido sobre una narrativa peligrosa: la creencia del capitaloceno de tener el control absoluto sobre la naturaleza. Bajo el paradigma del desarrollo capitalista, la Tierra ha sido tratada como un objeto estático, una despensa inagotable de recursos sin límites y creer que todo espacio geográfico es habitable y urbanizable mediante el cemento y el acero. Sin embargo, cada cierto tiempo, el planeta sacude sus cimientos, recordándonos que somos huéspedes de una galaxia dinámica, nacida del caos cósmico del Big Bang.

Los sismos, terremotos y tsunamis no son castigos divinos, ni fallas del sistema; son las funciones vitales de un planeta en constante evolución. La ciencia y la tecnología contemporáneas han avanzado a pasos agigantados, permitiéndonos predecir con mayor precisión meteorológica y geológica el comportamiento de estos fenómenos. 

Somos capaces de saber dónde se acumula la tensión y qué fallas están listas para fracturarse. Sin embargo, la ciencia no puede evitarlos. La energía interna de la Tierra debe liberarse. El desastre económico y humanitario no ocurre por el movimiento de las placas tectónicas en sí, sino por la vulnerabilidad estructural e institucional en la que el modelo económico global expone a los pueblos del mundo.

Este artículo propone una lectura transdisciplinaria, que cruza la astrofísica, la filosofía política decolonial y el ordenamiento territorial. El propósito es: demostrar que la reconstrucción de los hábitats destruidos, exige abandonar la lógica del lucro y el individualismo para transitar hacia una planificación urbana y rural que comprenda al territorio no como una mercancía, sino como una extensión de nuestro propio cuerpo y del cosmos.

Para entender la dinámica de los llamados "desastres naturales", es imperativo remontarse al origen planetario de la tierra, no fue diseñada como un espacio armónico y simétrico para el asentamiento humano; es el resultado de procesos astrofísicos masivos derivados del Big Bang y la posterior creación planetaria hace unos 4.500 millones de años. En su proceso de enfriamiento, la corteza terrestre se fragmentó en bloques colosales que conocemos como placas tectónicas.

Estas plataformas terrestres desacopladas flotan sobre el manto superior de la Tierra, impulsadas por corrientes térmica que emanan del núcleo incandescente del planeta. El movimiento es constante, lento y silencioso, pero no es perfectamente lineal. A........

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