Las Guerras desproporcionadas de Estados Unidos contra el mundo y la democracia
Por razones que considero están vinculadas al crecimiento descomunal del Capital en los Estados Unidos y quizás al ciclo de vida de este capital, Estados Unidos ha modificado la historia de los conflictos bélicos modernos pues ha dado un giro drástico hacia la asimetría absoluta, donde la noción tradicional de una "guerra entre iguales" ha sido reemplazada por operaciones de una magnitud abrumadora. Ha sido un regreso al pasado de los Estados Unidos, similar a los avances indetenibles de los mongoles de Genghis Khan en el siglo xvii, afectando completamente la noción de soberanía y diplomacia que siempre había estado presente en los conflictos armados.
Y esta nueva historia bélica no se refiere solamente a las magnitudes físicas de las fuerzas o a las estrategias de sorpresa, ventaja, alevosía y nocturnidad que la define sino también por la influencia de los socios arcaicos de Estados Unidos como son la feudal Inglaterra con su rey y nobleza viciosa y por el religioso gobierno judío de Epstein, ambos los cuales convierten la guerra en una guerra personal, pasional y sanguinaria, para hacer cumplir sus mandatos primitivos de dominio.
Para los pueblos atacados directamente por Estados Unidos con esta nueva visión militar, Venezuela e Irán que le meten el pecho a las balas, han visto como se invirtieron los principios, pues ahora lo que decide es la idea que si tienen el mayor ejercito del mundo pues hay que utilizarlo. Ahora los medios deciden los fines e Israel decide por Estados Unidos.
Y al despliegue de fuerza de los Estados Unidos en el escenario mundial se han sumado o modernizado otras ventajas de las que ya disponían, como es una desproporción estructural y tecnológica que redefine el concepto mismo de enfrentamiento. Esta disparidad no solo se mide en la cantidad de tropas desplegadas, sino en la creación, aunque siempre imperfecta y por lo tanto vulnerable, de una construcción que incluye tecnología, bases militares, suministros masivos y la Inteligencia artificial para hacer ajustes y perfeccionamientos en la acción en el terreno buscando eliminar la incertidumbre. Buscan un cerco al país atacado.
Para revelar esta escala, se puede observar las fuerzas aéreas. Mientras países como Venezuela o incluso potencias regionales como Irán, tienen entre la docena y los cincuenta aviones operativos de diversa generación, las fuerzas imperialistas de Estados Unidos disponen de miles de aparatos de combate actualizados con la última tecnología y con el apoyo de una red de satélites, portaviones y empresas tecnologías trasnacionales, que proyectan ese poder a cualquier rincón del planeta en cuestión de horas. Un solo grupo de batalla de un portaaviones estadounidense posee, en muchos casos, más poder de fuego que la totalidad de las fuerzas armadas de un país mediano, lo cual no se han cansado de mostrarlo para amenazar a Venezuela. Así que la guerra se transformó en algo distinto a una confrontación y se convirtió en un chantaje para obtener las riquezas de los países.
La superioridad numérica de soldados, contratistas, empresas de alta tecnología, aliados que no temen intervenir, se combina con la doctrina que busca anular cualquier posibilidad de respuesta: ¡Tú eres un vasallo o un esclavo. Híncate ante mi ¡
Los conceptos de sorpresa y ventaja ya no son solo maximizar la astucia, sino fundamentos tácticos para utilizar la nocturnidad y la alta precisión como herramientas básicas de ataque. El uso del sigilo, los ataques con drones operados desde Estados Unidos, la capacidad de cegar la comunicación del adversario permite que las ofensivas se lancen con una alevosía técnica. El enemigo se entera que ha sido atacado, como en Venezuela, cuando sus centros de mando han sido deshechos inesperadamente, sin haber visto un rostro humano o una imagen en el radar.
Lo que resulta más necesario para todos los países extremar la preparación, supervisar continuamente y sistemáticamente los procedimientos, los equipos y su funcionamiento, los mandos y las tropas para disponer de una resistencia a lo inmediato y a largo plazo. Y por sobre todo consustanciar las fuerzas armadas y sus misiones con la población a fin de que conformen una unidad férrea material y espiritual. Unidad indestructible.
Esta desproporción, con la que se quiere destruir la moral de las naciones y ellos superar sus grandes crisis internas, crea un escenario donde la soberanía de los países más pequeños y aun de los grandes, se ve severamente amenazada para despojarlos de sus riquezas, su historia, su dignidad, y su soberanía por una fuerza que no reconoce la democracia ni la libertad.
Oscar Rodríguez Estrada 7 de marzo de 2026
