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No es tiempo de divisiones

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13.03.2026

La Presidenta Encargada Delcy Rodríguez, publicó recientemente en X, un mensaje con una fuerza profunda y necesaria en estos momentos clave para Venezuela:

"Hoy nuestro compromiso es el reencuentro entre venezolan@s y la sana convivencia. Hago un llamado sincero a la unión nacional. No es tiempo de divisiones, sino de sumar voluntades para fortalecer nuestra vida económica, social y trabajar junt@s por el futuro de Venezuela."

Este llamado no es sólo palabras; representa un paso esencial hacia la consolidación de la paz interna y la recuperación nacional. En un contexto donde el país ha enfrentado años de desafíos, sanciones externas y polarización, la unión se convierte en el instrumento más poderoso para avanzar.

Este proceso que vivimos hoy debemos verlo, en esencia, como una transición inteligente y estratégica que nos regresa a los ideales originales del Comandante Hugo Chávez. Chávez nunca buscó aislar a Venezuela del mundo ni enemistarse permanentemente con Estados Unidos o la economía global. Al contrario: su visión fue la de una nación soberana, digna, dueña de sus recursos, capaz de relacionarse en igualdad con todos los países, incluyendo potencias como EE.UU. Propuso una multipolaridad, no un aislamiento; alianzas estratégicas, no rupturas irreversibles.

Fueron precisamente las élites golpistas internas y las políticas agresivas de administraciones estadounidenses las que intentaron asfixiar al proceso bolivariano con bloqueos, sanciones unilaterales y agresiones diplomáticas. Intentaron romper la integración latinoamericana, sabotear nuestra economía y dividir al pueblo. Chávez lo advirtió siempre: el imperialismo no perdona la independencia verdadera.

Hoy, las circunstancias han cambiado. Las mismas fuerzas que nos cerraron puertas ahora las abren de par en par. Reconocen la realidad: Venezuela es indispensable en el mapa energético y geopolítico global. Necesitan nuestros recursos —petróleo, gas, minerales estratégicos, nuestra posición geográfica— en un mundo donde la transición energética y la seguridad alimentaria demandan socios confiables. Este giro no es casualidad; es el resultado de la resistencia digna del pueblo venezolano, de la diplomacia bolivariana y de la capacidad de nuestro liderazgo para mantener la soberanía intacta.

Es el momento de ser astutos y valientes a la vez, como Tío Conejo, que con inteligencia y picardía vence al más fuerte sin confrontación directa y como Tío Tigre, que representa la audacia y la fuerza cuando es necesario defender lo propio. Seamos también el Florentino moderno: el llanero que, con astucia, valor y fe en su pueblo, vence incluso al diablo cuando amanece. Porque en esta Venezuela que resurge, no hay pacto con el demonio del divisionismo ni del entreguismo; hay victoria para quien sepa unir, negociar desde la fuerza moral y aprovechar la coyuntura sin perder la esencia.

Aprovechemos esta apertura con inteligencia patriótica: fortalezcamos la producción nacional, atraigamos inversión sin ceder soberanía, recuperemos mercados, generemos empleo y bienestar para todos. Sumemos voluntades de chavistas históricos, de sectores progresistas, de empresarios honestos, de la diáspora que ama a su tierra y quiere volver a construir. La unión no significa renuncia a principios; significa multiplicar fuerzas para realizarlos mejor.

Venezuela no se rinde, Venezuela se reinventa. Sigamos el camino de Bolívar y Chávez: soberanía, integración, justicia social y dignidad. Con unión nacional, la transición, nuestra transición, que significa también reinventarnos, moldearnos a las circunstancias, impactar al mundo que nos observa y que anhelan tener una revolución como la nuestra: flexible y adaptable sin perder su esencia, será corta y fructífera, y el amanecer que viene será de prosperidad compartida.


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