Verdades o mentiras: Estados Unidos, Israel, Ormuz, Irán y un ataque nuclear en la mira
La primera verdad o mentira es que Israel gobierna a Estados Unidos. Su poder de persuasión filas adentro es impresionante, sobremanera en los mandatarios y otras figuras claves. Admira cómo el hebreo toma al americano de la mano y lo lleva de guerras. La tesis parece de naturaleza conspiranoica, pero luce un mundo factible con el maleable Donald Trump obedeciendo a Benjamín Netanyahu en aspectos que contradicen los intereses de los Estados Unidos en el Medio Oriente. El último que la cerebró fue el periodista estadounidense Tucker Carlson.
A Netanyahu le interesa borrar a su enemigo “existencial” por encima de reveses petroleros imperiales; pero a Estados Unidos también se le va la vida con la asfixia que genera el cierre del estrecho de Ormuz y con la ruina de la producción petrolera. Sin embargo, helos allí consintiendo adversidades, como un tentativo barril a $150 y un panorama energético destruido en nombre de una guerra que no es suya. Obrando, pues, contra su propia necesidad y naturaleza.
Un asesor del mismo Trump, David Sacks, expresó en una emisión digital que, si la guerra con Irán se prolonga durante meses, Israel podría ser destruido. Dado que su vulnerabilidad es la defensa aérea, ésta se desgastaría durante tanto tiempo. Imágenes recientes ya han empezado a dar fe de esta situación al mostrar la caída impune de misiles iraníes sobre suelo israelí.
Esto conlleva la segunda verdad o mentira. Israel, en vista de los acontecimientos, prepara ataques nucleares contra Irán. En su retórica belicista, son ellos o son los iraníes. Tal razonamiento no da pie a atenuantes. Su derecho a la vida, a su defensa, es una incuestionable argumentación universal, aunque sean ellos los atacantes. Cuesta arriba se ha tornado el panorama de recursos para sitiar de una vez por todas a los persas, y en el esfuerzo se ha evidenciado más de lo esperado la ruina de la credibilidad estadounidense, sin fuerza siquiera para convocar cooperación aliada para reabrir el estrecho.
En la medida en que ese estrecho continúe cerrado y generando quiebras, Israel juega a la desesperación de su propio aliado, los Estados Unidos, en el sentido de que sean ellos los que, finalmente, proyecten en Israel la necesidad del ataque nuclear. De manera que las armas nucleares se lanzarían por el “pueblo elegido” con la indignada desaprobación del país gringo. Una jugada maestra más de las tantas ensayadas.
90 ojivas nucleares de plutonio posee Israel, no declaradas, no inspeccionadas por la AIEA, y una capacidad para fabricar hasta 200 armas. Las lanzaderas podrían ser aviones estadounidenses, submarinos alemanes o los misiles Jericó israelíes. Dígase, de paso, que la preocupación nuclear de los iraníes para equilibrar la balanza de la fuerza en el Medio Oriente está más que justificada.
Finalmente, la tercera verdad o mentira es la desaparición de Netanyahu. Real o simulada, es un hecho que da piso para construir una narrativa inaplazable de enemigo a vencer, inclusive a través de la vía extraordinaria. La apreciación no es huérfana de autoridad: desde agentes de la CIA hasta exmilitares informados la avalan.
