Contradicciones en el discurso, enfermedad del alma: caso Delcy Rodríguez
En términos lógicos, la contradicción expone, por regla general, la degeneración de algo. Es un hallazgo antiguo, específicamente griego, implícito en la vida de Sócrates, para más detalles. No se conoce ningún diálogo sobre este filósofo que se centre en ella como concepto lógico formal destructor de entidades, aunque toda la obra del autor (Platón) sea un puro discurso sobre la contradicción socrática como herramienta para develar inconsistencias.
Filosóficamente, Sócrates acometió su empresa desveladora de modo práctico, al grado de que se ganó la aversión de gente poderosa que, finalmente, lo sentenció a muerte. Su misión pareció ser la certificación de la contradicción como síntoma de la podredumbre humana. De hecho, de modo eufemístico, se puede decir que Sócrates la utilizó para declarar que un alma estaba enferma, era ignorante o corrupta.
No solo desnudó la degeneración del alma; también, en un plano más cotidiano, lo hizo con la política y la verdad. Si el hombre hubiera sido un filósofo más de teorías y de menos praxis, probablemente habría sobrevivido a la inquina de su tiempo. Pero se metió con la política y sus políticos de la calle, y ninguno le perdonó que evidenciara sus putrefacciones.
Y es que la política, en su definición más coloquial, es el campo de las contradicciones por antonomasia, por más que los sofismas intenten tapar los huecos. Las inconsistencias son su caracterización nativa y, por esa razón, no es extraño oír que es una disciplina llena de ignominia. O sea, puestos a definir, sería como el aceptado arte de la degeneración humana. No parece factible, pues, la existencia de una propuesta política caracterizada por la fidelidad a la pureza doctrinaria.
La historia muestra a los humanos afanándose en la miseria de destruir a iguales para granjearse el favor de los más poderosos. De hecho, hacia este arte parece haber degenerado la política. El sacrificio de los principios en pro del poder. En La República, retrata Platón a la tiranía como una sucesión degenerativa de la democracia (la secuencia es timocracia, oligarquía, democracia y tiranía). La lógica socrática descubre que tal tránsito ocurre por alguna contradicción interna insostenible, como, por ejemplo, creer que la libertad puede defenderse hasta con acciones que, inclusive, la aniquilen.
Una perla de irracionalidad. Uno de los tantos personajes que se enfureció con Sócrates al descubrírsele su inconsistencia intelectual fue Calicles: decía que los más fuertes debían gobernar y tener más. Pero vino el filósofo a contrariarlo, diciéndole que los débiles, al unirse, se hacían más fuertes y debían, por lo tanto, detentar el mando.
De modo que no parece haber una conceptualidad más........
