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El Tercer Objetivo. Por qué la capitulación de Delcy Rodríguez el 3 de enero no fue inevitable

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16.03.2026

El 10 de enero de 2026, siete días después de la intervención militar estadounidense que capturó a Nicolás Maduro en el corazón de Fuerte Tiuna, Delcy Rodríguez se conectó por teléfono a una reunión del Ministerio de Comunicación e Información con comunicadores oficialistas. No sabía, o no le importó, que la llamada sería grabada y filtrada. Lo que dijo en esa reunión es el documento político más revelador de los últimos meses, no porque confirme la narrativa que el gobierno ha construido para justificar sus concesiones, sino porque, leído con atención, la desmiente.

Días después, la llamada circuló en redes sociales venezolanas y fue publicada por medios independientes tanto nacionales como internacionales. En ella, Rodríguez habla a sus propagandistas con lo que parece una franqueza que no se permite en público. Describe dramáticamente el momento de la captura de Maduro y expone una supuesta amenaza que dice haber recibido, y los objetivos que el “alto mando político” se trazó para responder. Es en esos objetivos donde está la clave de todo cuanto ha sucedido en Venezuela desde esos días hasta el presente y muy probablemente por los próximos años.

Pero antes de llegar a ellos, conviene detenerse en la amenaza, porque sobre ella descansa toda la arquitectura de justificación que algunos han construido para explicar las concesiones que siguieron. Rodríguez lo narra así: “Las amenazas vinieron desde el primer minuto que ellos secuestraron al presidente. Nos dieron a Diosdado, a Jorge y a mí 15 minutos para responder si no nos iban a matar.” Y añade, con énfasis: “Nosotros dijimos: estamos listos para correr la misma suerte.”

Esa frase merece ser leída dos veces. Rodríguez no dice que cedieron ante la amenaza. Dice exactamente lo contrario: que respondieron que estaban dispuestos a morir. Supongamos que la llamada ocurrió realmente y que lo que ella dice que dijeron, sea cierto -y no hay razón para dudar de que en ese momento lo creyera-: entonces la amenaza de los quince minutos no explica lo que vino después. La amenaza existió, fueron desafiados, respondieron con valentía. ¿Y entonces? La pregunta que la llamada no responde, pero que los hechos sí responden, es qué ocurrió entre ese desafío inicial y la invitación de Rodríguez el día 4 de enero a Estados Unidos a “trabajar conjuntamente en una agenda de cooperación”, o el desfile de altos funcionarios norteamericanos que han visitado Venezuela después del 3 de enero, comenzando nada menos que con el Director de la CIA, John Ratcliff; la reforma petrolera que quebró el monopolio estatal del petróleo, o la aceptación de que la renta petrolera se canalice a fondos controlados por el Tesoro estadounidense, o la sumisión de las controversias contractuales a tribunales de Washington, o la prohibición de refinar el oro venezolano en territorio nacional.

1 La Hora de Venezuela. (2026, enero 28). 5 cosas que debes saber sobre la llamada de Delcy Rodríguez reseñada por The Guardian que se viralizó en redes sociales. Cazadores de Fake News. https://www.cazadoresdefakenews.info/5-cosas-sobre-la-llamada-de-delcy-rodriguez-resenada-por-the-guardian/

2 La Hora de Venezuela. (2026, enero 12). Filtración expone cómo el oficialismo intenta "ordenar el relato" tras la captura de Maduro para contener la fractura interna. Cazadores de Fake News. https://www.cazadoresdefakenews.info/oficialismo-intenta-ordenar-el-relato-tras-la-captura-de-maduro/

3 Roston, A. (2026, enero 22). Venezuela's Delcy Rodríguez assured US of cooperation before Maduro's capture. The Guardian. https://www.theguardian.com/world/2026/jan/22/delcy-rodriguez-capture-maduro-venezuela

La respuesta está en los tres objetivos que la propia Rodríguez enuncia en esa misma llamada. Vale la pena citarlos en el orden en que ella los presenta, porque ese orden es revelador.

El primero: “preservar la paz de la República.” El segundo: “rescatar a nuestros rehenes” -es decir, Maduro y Cilia Flores. Y el tercero, que Rodríguez presenta sin la menor incomodidad como objetivo legítimo de un gobierno en crisis: “…es preservar el poder político, porque la Revolución Bolivariana si no está en el poder político, bueno, imagínense ustedes el destino de este país, el destino de este pueblo, de los más vulnerables.”

Ahí está. No en una filtración comprometedora ni en una confesión involuntaria: en una declaración deliberada, pronunciada ante los propios propagandistas del régimen, enunciada como programa político con plena conciencia. El tercer objetivo del gobierno venezolano en el momento más crítico de su historia reciente no fue defender la soberanía del país, no fue proteger el patrimonio de los venezolanos, no fue consultar al pueblo sobre las condiciones de cualquier negociación. Fue preservar el poder político de la élite que gobierna.

Y luego, para que no quedaran dudas sobre cómo se gestionaría la tensión entre esos objetivos y la coherencia con los principios que el chavismo había proclamado durante décadas, Rodríguez añade una frase que es, en su ambigüedad calculada, el núcleo de todo el problema: “a veces se dan pasos tácticos, que a veces puedan hacerse acciones poco comprensibles, pero deben ustedes........

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