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El Petróleo de la Vergüenza: Cuando Caracas Financia el Imperio que asedia a sus Aliados

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07.03.2026

Hay ironías históricas que duelen más que una puñalada por la espalda. Y luego está la que estamos viviendo: Venezuela, cuna del Socialismo del Siglo XXI, patria de Bolívar y Chávez, enviando millones de barriles de petróleo a Estados Unidos mientras Washington e Israel bombardean Irán. Sí, leyó bien: el mismo petróleo que debería fortalecer la revolución bolivariana está lubricando la maquinaria de guerra del imperio que asedia a nuestros hermanos persas. Si esto fuera una novela, el realismo mágico de García Márquez se quedaría corto ante semejante tragedia.

La Liquidación Express de la Soberanía. Resulta que mientras el mundo contempla horrorizado los ataques de Estados Unidos e Israel contra instalaciones nucleares y civiles iraníes, Venezuela mantiene su ritmo de entrega petrolera hacia el norte. Es como si durante la invasión de Iraq en 2003, Hugo Chávez hubiese decidido enviar crudo gratis a George W. Bush para "mantener las buenas relaciones comerciales". La analogía no es exagerada: estamos financiando, con nuestros recursos naturales, al agresor de nuestro aliado estratégico.

La señora Delcy Rodríguez, vicepresidenta y heredera política de la línea dura chavista, ha logrado algo que ni los peores enemigos de la revolución habrían imaginado: convertir a Venezuela en un proveedor subsidiado del Pentágono durante una guerra contra el eje de la resistencia. ¿Dónde quedaron aquellos discursos de "máxima solidaridad con los pueblos oprimidos"? ¿Se evaporaron junto con el sentido común? La forma más efectiva —y honesta— de solidarizarse con Irán en estos momentos sería simple: cerrar la llave. Detener los envíos de petróleo, gas y minerales hacia Estados Unidos. Cada barril que cruza el Caribe rumbo a Texas es una bala financiera disparada contra Teherán. Es matemática básica de geopolítica, aunque parece que en Miraflores han suspendido las clases de aritmética revolucionaria.

La Cuenta de Donald Trump: El Colmo del Entreguismo. Pero el ridículo no termina ahí. Resulta que los fondos generados por la venta de nuestros recursos naturales —sí, el oro negro que debería financiar hospitales, escuelas y la industria nacional— son depositados en cuentas controladas por... ¿adivinó? ¡Donald Trump! El mismo magnate que llamó a Venezuela "narcoterrorista", que impuso sanciones devastadoras, que reconoció a un títere como "presidente interino", ahora administra a su discreción los ingresos petroleros venezolanos. Esto no es diplomacia, es rendición incondicional con pasos de ballet. Es como si durante la Guerra Fría, la Unión Soviética hubiese decidido que Ronald Reagan administrara las reservas del petróleo soviético. La analogía histórica es tan absurda que resulta ofensiva para cualquier ciudadano que haya votado por el chavismo creyendo en la independencia nacional. El Socialismo del Siglo XXI de Chávez y Maduro, el PSUV, el legado del pueblo venezolano, todo se reduce a esto: una cuenta bancaria en manos del enemigo número uno. Si el comandante Chávez levantara la cabeza, no sería para aprobar, sino para preguntar si estamos bajo efectos de alguna sustancia alucinógena colectiva.

El Silencio de los Centros de Formación Ideológica. ¿Y dónde están los intelectuales orgánicos, los formadores de cuadros revolucionarios, los guardianes del pensamiento antiimperialista? El Centro Miranda, ese faro teórico que debería estar iluminando la posición correcta frente a la agresión contra Irán, guarda un silencio cómplice. Los foros de formación ideológica del chavismo, esos espacios........

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