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El Libro de los Reyes: Estrategias Imperiales, Negligencia Institucional y la Advertencia Venezolana

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12.05.2026

Cuando la Historia Advierte y No Se Escucha

"La revolución que olvida la lección de otros imperios está condenada a repetirla"

En la vasta biblioteca de los desastres políticos latinoamericanos del siglo XXI, existe un patrón tan visible como ignorado: la replicación sistemática de estrategias de desestabilización que Washington ha perfeccionado desde finales de la Guerra Fría. Mientras los gobiernos progresistas de América Latina celebraban sus victorias electorales y consolidaban sus discursos revolucionarios, una arquitectura silenciosa de intervención se tejía en los pasillos del Departamento de Estado, la CIA, el Pentágono y las corporaciones multinacionales aliadas.

Venezuela, en particular, representa el caso más instructivo y también más lamentable de esta negligencia histórica. Una revolución que se proclamaba heredera de Bolívar, que invertía recursos en educación popular y cultura nacional, que nacionalizaba recursos estratégicos, se vio atrapada en los mecanismos de desestabilización que había visto funcionar con precisión quirúrgica en Honduras (2009), Paraguay (2012), Brasil (2016) y Bolivia (2019). Aún así, sus instituciones de pensamiento estratégico, sus órganos de toma de decisiones y sus fuerzas armadas no realizaron los estudios comparativos necesarios para anticipar la ofensiva que vendría.

Este artículo propone un análisis de esa paradoja: cómo la revolución bolivariana, a pesar de ser heredera de una región que había padecido innumerables intervenciones imperiales, no extrajo las lecciones necesarias de los colapsos recientes de gobiernos aliados, dejando a Venezuela expuesta a un secuestro institucional que resuenan hasta hoy.

El Libro de Estrategias Imperiales (2000-2024)

La Anatomía de la Intervención: Cinco Dimensiones Operativas

La intervención estadounidense en América Latina durante el siglo XXI no adopta la forma de invasiones militares directas como en épocas previas. En su lugar, ha desarrollado un sofisticado ecosistema de operaciones que funcionan simultáneamente en cinco dimensiones interconectadas:

1. La Dimensión Militar Encubierta: Bases, Fondos y Golpes de Estado

El golpe de Estado en Honduras (2008-2009) marcó el punto de inflexión. Mientras el presidente Manuel Zelaya intentaba profundizar la integración latinoamericana y acercarse a la Venezuela de Hugo Chávez, fuerzas especiales estadounidenses ya estaban entrenando a unidades militares hondureñas en la base de Palmar Sur. El golpe que depuso a Zelaya utilizó la estructura militar modernizada por instructores estadounidenses, con logística que pasaba por bases militares norteamericanas en la región.

Honduras no fue un caso aislado. Paraguay experimentó el mismo guion en 2012, cuando el presidente Fernando Lugo fue depuesto mediante un proceso que eufemísticamente se denominó "juicio político exprés." Lugo había comenzado tímidamente a nacionalizar tierras y acercarse al ALBA. Bolivia, bajo Evo Morales, vio cómo tras sus victorias electorales de 2019, militares entrenados por Estados Unidos en la Escuela de las Américas protagonizaron un alzamiento que, aunque inicialmente fue presentado como un "motín" sin coordinación, reveló posteriormente sus vínculos con la inteligencia estadounidense. Las estrategias compartidas en estos golpes incluyen: Entrenamiento militar selectivo de oficiales afines a intereses estadounidenses; Financiamiento de operaciones a través de fondos clasificados del Departamento de Defensa; Coordinación con agencias de inteligencia (CIA, DEA, Comando Sur); Aprovechamiento de tensiones militares previamente cultivadas.

2. La Dimensión Jurídica: Juicios, Persecución y Lawfare

Paralelo a las maniobras militares, Washington ha desarrollado lo que los analistas políticos denominan "lawfare"—la guerra a través del sistema legal. Una vez que gobiernos progresistas asumen el poder, enfrentan de manera coordinada: Demandas internacionales contra dirigentes políticos a través de cortes que tienen jurisdicción selectiva. Lula da Silva en Brasil fue condenado a través de procesos judiciales comprometidos (posteriormente anuló la sentencia) que coincidieron exactamente con su vulnerabilidad política pre-electoral. Sanciones económicas internacionales diseñadas como castigo político. Venezuela ha sido sometida a un régimen de sanciones sin precedentes que buscaba colapsar su economía y generar descontento social; Congelamiento de activos y cuentas bancarias de funcionarios, bloqueando sus capacidades de acción económica. Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y otros funcionarios fueron incluidos en listas de sanciones estadounidenses bajo acusaciones de narcotráfico frecuentemente sin evidencia presentada públicamente; Procedimientos de extradición contra militares de alto rango. El general "el Pollo" Hugo Carvajal, jefe de inteligencia venezolano, fue perseguido mediante procesos de extradición internacionales.

3. La Dimensión Propagandística: Construcción de Narrativas Hegemónicas

La intervención mediática representa quizás el arma más sofisticada en el arsenal estadounidense. No se trata simplemente de propaganda burda, sino de un ecosistema complejo que incluye: Financiamiento de medios de comunicación locales que adoptan agendas editoriales pro-estadounidenses. Cadenas televisivas en toda América Latina recibieron fondos de fundaciones ligadas a intereses estadounidenses (Freedom House, National Endowment for Democracy); Satanización selectiva de líderes progresistas mediante campañas coordinadas de desinformación. Hugo Chávez fue retratado como dictador desde su asunción en 1999. Nicolás Maduro enfrentó una campaña aún más intensa de deslegitimación; Documentales, reportajes y series producidas con presupuestos hollywoodenses que presentaban a gobiernos progresistas como autoritarios. CNN, HBO y otros canales norteamericanos produjeron contenido ampliamente distribuido que criminalizaba a líderes latinoamericanos; Redes sociales y algoritmos controlados por corporaciones estadounidenses (Meta, Google, Twitter/X) que amplificaban narrativas anti-gobiernos progresistas. Las campañas de desinformación sobre elecciones en Venezuela, Bolivia, Perú y Honduras fueron visibles y masivas; Organizaciones "civiles" financiadas externamente que denunciaban "violaciones de derechos humanos" de manera selectiva, ignorando atrocidades cometidas por gobiernos pro-estadounidenses.

4. La Dimensión Política Interna: Fracturas Amplificadas

Washington no creó las contradicciones internas de los gobiernos latinoamericanos, pero sí las amplificó sistemáticamente: Financiamiento de partidos y movimientos de oposición a través de agencias como USAID, cuyo brazo político (DAI, Chemonics) operó en Venezuela, Bolivia, Honduras y Paraguay; Entrenamiento de activistas de oposición en técnicas de desobediencia civil y movilización que frecuentemente derivaban en actos de violencia callejera; Infiltración de instituciones de seguridad y fuerzas armadas mediante oficiales corruptos o comprometidos que filtraban información o actuaban como saboteadores internos; Amplificación de divisiones generacionales dentro de gobiernos progresistas, presentando a funcionarios más viejos como "dinosaurios autoritarios" frente a supuestos reformadores "democráticos."

5. La Dimensión Económica: Estrangulamiento y Colapso

Finalmente, y tal vez más devastador que todo lo anterior, está el estrangulamiento económico: Bloqueos comerciales y financieros que impiden que gobiernos progresistas accedan a mercados internacionales, obtener créditos o realizar transacciones bancarias normales; Sabotaje de sectores estratégicos mediante sanciones selectivas a empresas petroleras (en Venezuela), minería (en Bolivia) o agricultura; Generación de escasez artificial que produce inflación, desempleo y crisis humanitaria, erosionando el apoyo popular a gobiernos progresistas; Captación de elites empresariales disidentes para que........

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