El colapso de la hegemonía capitalista, la esperanza socialista
Con el colapso del sistema hegemónico norteamericano se intensifican las guerras. El tiburón acorralado se hará más peligroso. Este es el fin del derecho internacional y principio del caos, la crisis de los sistemas financieros, la crisis energética y alimentaria, se paraliza el desarrollo tecnológico de las comunicaciones: toda la filosofía del crecimiento económico va a cambiar, tiene que cambiar, el modelo ya no sirve, el sistema implosiona. La única salida es voltear la lógica del capital por otra lógica, el socialismo, cambiar los modelos de consumo, de producción, de cultivos, de explotación de la naturaleza y al humano, el liberalismo económico por la planificación y la racionalización de la producción; la competencia por la cooperación, el intercambio y la solidaridad, el egoísmo mezquino por una sociedad más armónica y amorosa, solidaria con la vida y con su propia especie, "humanista".
No hay salvación para la existencia humana en el capitalismo. Engendros como Trump son una señal clara de la naturaleza propia del hombre en el capitalismo, motivado por la ambición de poder y la codicia. Ya se sabe que detrás de la guerra en Irán está el dinero y los sionistas moviendo los hilos del payaso de Trump, no nada más el petróleo. Hay intereses muy personales, además de sostener la hegemonía del imperio. Pero la caída es inevitable.
Todos los expertos se preguntan qué será del mundo luego de la debacle del sistema de crecimiento capitalista, y la respuesta es volver a modelos de autoabastecimiento, más nacionales, el rescate de los cultivos propios y diversos para la independencia y soberanía alimentaria, desestimar la producción suntuaria que exigen la nuevas tecnologías, propia del mercado capitalista planetario actual, como el desarrollo de las telecomunicaciones y el mercado del lujo. La respuesta es avanzar hacia el desarrollo de una sociedad distinta, plurinacional, que vuelva a poner los pies en la tierra y piense en el destino del ser humano y la vida en la tierra. Si estos locos perturbados no acaban con la vida en el planeta en una guerra de mercados, o en una guerra nuclear, nuestra salvación está en el socialismo.
