La soberanía como escudo: cuando las moscas no encuentran donde posarse…
«La corrupción no empieza cuando se roba dinero; empieza cuando se roba la vergüenza.» ANACLETO
El Bohemio tenía ese aire de los días de resaca, cuando las noticias han sido tantas que el café parece la única certeza. Carmen servía sin preguntar, porque ya sabía que la mesa del rincón no se llenaba de casualidad. Anacleto había llegado temprano, sin el apuro de los días de gran noticia, y desplegó sobre la mesa un recorte de prensa que había estado guardando en el portafolio. No era un artículo, era una carta abierta de una de esas organizaciones que dicen representar a la oposición.
El pichón de periodista, que siempre llega con el teléfono caliente, esta vez no traía un rumor. Traía una pregunta que le quemaba los labios. «Anacleto, ¿qué cree usted de esa gente que dice que el chavismo entró en crisis después del secuestro de Maduro? ¿Es verdad o es propaganda?»
Anacleto no respondió de inmediato. Encendió un cigarrillo y dejó que el humo se elevara hasta el techo antes de hablar. «Camarita, hay derrotas que destruyen ejércitos y derrotas que destruyen horizontes. Las primeras pueden repararse. Las segundas suelen ser mortales.» Dio una calada y siguió: «El chavismo no entró en crisis, camarita. La crisis la quieren vender los que necesitan imaginarse un futuro para sobrevivir. Pero la resistencia venezolana, ante las sanciones, los bloqueos y las guerras de todo tipo, ha demostrado que la soberanía ni se vende ni se cambia. Eso es lo que no entienden los que confunden la estrategia con sumisión.»
El coronel retirado, que había estado escuchando en silencio, dejó la taza sobre la mesa. «Es cierto, Anacleto. He visto batallas que se pierden por falta de munición, pero también he visto pueblos que se rinden por falta de convicción. Aquí no ha faltado munición, aunque hayan tratado de quitárnosla. Lo que no han logrado es quitarnos la convicción.»
«Y esa convicción, coronel, tiene un nombre: soberanía.» dijo la profesora, ajustando sus lentes. «No es un concepto abstracto, camaritas. Es la capacidad de un pueblo de decidir su propio destino sin que otro se lo imponga. Y eso, en el caso de Venezuela, se ha demostrado con hechos, no con discursos.»
El boticario, fiel a su papel de ingenuo estratégico, movió la cabeza. «Pero Anacleto, ¿cómo es que la gente sigue creyendo en el chavismo después de tanto sufrimiento? ¿No es acaso una muestra de que la crisis existe?»
Anacleto apagó un cigarrillo y encendió otro. «Boticario, las sociedades que atraviesan largos períodos de incertidumbre suelen........
