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Tarzán Baute

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29.04.2026

Qué poco queda de la "emoción" de Carlos Baute cuando a lo largo de los días sólo se le ve recular ante la cantidad de artículos, protestas, análisis, bromas, críticas y condenas a su actitud en la llamada Puerta del Sol de Madrid donde su ignorancia supina quedó en absoluta evidencia. La colección de franelas que han surgido en Venezuela mostrando la evolución de la especie humana, o nuestro mono afecto por la presidenta (e) más allá de la especie o del género ofrecen mucha tela para cortar, así como la brillantez conceptual de quienes se pronuncian profundizando más allá de la infeliz emoción de Carlos Baute. Steven Bermúdez Antúnez

El profesor de Comunicación Social de la Universidad del Zulia, señala: "El problema del racismo es que solo cambia de lenguaje. O como en el caso de Madrid, se vuelve coro político. Lo que hoy sabemos del racismo es que es una pedagogía que se aprende, se hereda y se reproduce. Hay quienes intentarán reducir lo ocurrido a una simple ofensa política, que en política se exagera, se grita, se insulta. Que no hay que sobre dimensionar a una "mona". Ese es el error. No es lo mismo decirle a alguien incompetente que animalizarlo. No es lo mismo cuestionar una gestión de gobierno que negar una humanidad.

Cuando un venezolano grita "mona" sabe que no está improvisando una metáfora arrancada de la fauna. Sabe que está invocando siglos de clasificación y desprecio entre humanos. Está trayendo al presente una gramática colonial que definió quién era persona y quién no. Los esclavistas belgas y portugueses llamaban "macacos" a los africanos que capturaban y vendían. No era un insulto. Era una categoría funcional que les permitía justificar la esclavitud y administrar la violencia.

Baute, que hace décadas decidió irse del país a buscar fortuna con los no "monos"; Baute, que construyó su carrera musical usufructuando la cultura de los "monos" allí estaba, coreando. En su rostro no había un desliz o como quien se equivoca en caliente. Fue alguien que se sentía cómodo en ese lugar. Un día después vinieron las disculpas. "Me dejé llevar por la emoción del momento", dijo en una carta y en un video. Siempre es el "momento" o es la "emoción", pero nunca es la historia o la responsabilidad. Las disculpas de Baute surgen de un cálculo y no son para los venezolanos de la costa de Miranda o de Aragua, de Bobures o del Callao. Son para España y porque está en España. Él, rubio y de ojos verdes, sabe que hasta las disculpas están racializadas.

Lo más inquietante del episodio en Madrid está en quiénes corearon. Son las personas que........

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