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Lo propio de una revolución

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05.05.2026

Mientras continuemos, en Venezuela, manteniendo la relaciones de producción propias de la forma capitalista dependiente, no habrá manera de asumir los cambios estructurales que, en revolución, requiere el sistema salarial y los derechos laborales. No resulta nada fácil abrir una nueva ruta que, luego de tantos siglos de sometimiento, explotación de la fuerza laboral y de confrontaciones demasiadas veces fracasadas; busque acabar con esa dependencia anacrónica.

El asunto se agrava con un nuevo ingrediente. Cada vez queda más claro que, en esa histórica forma de producción, los sistemas salariales y de seguridad social establecidos se están yendo al diablo. Ambos sistemas son, ahora tratados como si fueran una concesión graciosa de los dueños del capital. Y es así, no sólo por el poder internacional que ha adquirido esos grandes consorcios empresariales, sobre los gobiernos del mundo que, entre otras cosas, están disminuyendo la mano de obra que ya consideran innecesaria. Esta consideración se agrava con el aumento de la tasa de longevidad en la población que va, en paralelo, con la disminución de la natalidad. Tales circunstancias, que no son solo propias de países desarrollados, también de los dependientes de ellos, condenarán a los adultos mayores a una inevitable precariedad pues llegarán a ser más que aquellos que, con plena capacidad productiva, hacen sus cotizaciones al sistema de seguridad social.

En el capitalismo, esta concentración empresarial y la crisis demográfica generada por el cambio que se ha producido en la pirámide poblacional, ha sido enfrentada con los métodos a los que recurre el capitalismo cada vez que se siente presionado: eliminación de la garantía de los derechos laborales -a pesar que estén considerados, junto al salario, como irrenunciables-. La solución ofrecida es transferir, al sector privado, la responsabilidad del manejo de esos derechos. Claro, aumentando, de entrada, la tasa de cotización para convertirlo en un negocio rentable. Toda una aberración social.

En el socialismo, si lo queremos entender en serio, el trabajo y la seguridad social constituyen su máxima esencialidad. El desarrollo de una nueva y masiva forma de trabajo donde los bienes de producción son propiedad colectiva de sus trabajadores, es para el marxismo, su columna fundamental (cita de Marx). Aunque prioritaria en un Estado revolucionario, esa nueva forma, no pretende prescribir la vieja manera capitalista. El capital privado puede continuar existiendo en un régimen socialista apoyándose sólo en los esfuerzos y capacidades de quienes lo promueven y, ajustándose, claro está, a los planes de la nación. La tercera forma de producción conocida, la estatal, debe centrarse por razones de soberanía, en las áreas y asuntos estratégicos.

Lo señalado en el párrafo anterior, es la gran deuda del socialismo. La producción colectiva de la forma comunal, nunca ha alcanzado un papel relevante, en ningún lugar. Fue intentada en China, durante la gestión de Mao Zedong. Allí se privilegió el desarrollo de las comunas productivas, pero, las crisis derivadas de las confrontaciones políticas propias de los grandes cambios estructurales, con sus diversas interpretaciones produjo, luego de la muerte de Mao, su liquidación. Surgió la llamada "reforma y apertura" de Deng Xiaoping que en realidad significó un drástico, aunque sin duda exitoso, cambio económico hacia lo que podemos llamar capitalismo de Estado o, dicho de otra manera: economía de mercado bajo tutela del Estado que, a su vez, está tutelado, de manera exclusiva, por el Partido Comunista Chino. Este régimen ha sido capaz de mantener de manera estricta, la seguridad social y, sin duda, pareciera contar con el respaldo de un pueblo histórica y culturalmente disciplinado -una manera dura pero elegante de ejercer el tutelaje-. Esta enorme población trabajadora goza de la atención que recibe de empresas y gobierno que, pareciera, asegurarles la relativa comodidad económica, aparentemente satisfactoria, que está prevista en sus planes estratégicos. Y en el cumplimiento de ellos, los chinos son implacables.

En la antigua Unión Soviética, todos los trabajadores y empleados estaban amparados por un régimen de seguridad social cuyo presupuesto provenía de la tasa de seguro que se le asignaba al fondo salarial de las empresas, todas ellas propiedad del Estado -un exabrupto- y también de las asignaciones especiales que eventualmente se hacían. En ningún caso eran deducidos de los sueldos y salarios de los trabajadores. Las pensiones por vejez o por invalidez se concedían en una cuantía que iba desde el 50 al 100% del salario en su momento de jubilación o invalidez. Estos gastos llegaron a representar el 11% de la renta nacional. No voy a juzgarlos, ya no hace falta, la URSS y sus satélites europeos se desplomaron solos y con pocos dolientes. Falló la democracia popular, fallaron los planes socialistas y falló el bienestar colectivo. Así como han fallado los demás intentos socialistas por el mundo.

En el caso venezolano, luego de la excepcionalidad de Chávez y, luego de su sorpresiva y dolorosa muerte; la revolución ha........

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