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La justicia que descubrió la coacción tarde

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La justicia que descubrió la coacción tarde

Víctima o cómplice: etiquetas que evitan matices

Hay confesiones que llegan con retraso y, aun así, iluminan la escena. No necesariamente la absuelven. La exmagistrada dice que firmó decisiones bajo presión, con familiares detenidos y el miedo sentado en la oficina, como un funcionario más.

Si ocurrió así, no estamos ante una anécdota de pasillo: es una denuncia que exige investigación. Pero también abre una pregunta incómoda, de esas que el lenguaje solemne intenta esconder bajo la alfombra: ¿qué pasó con la exmagistrada mientras firmaba? Bárbara César Siero difícilmente la responda.

La paradoja tiene expediente propio. La exmagistrada habría sido obligada a convalidar inhabilitaciones políticas y ahora describe el mecanismo que, según afirma, torció su voluntad. El sistema que antes hablaba por su firma aparece hoy, en su relato, como la mano que la guiaba. El problema es que, para quienes quedaron fuera de la contienda, el resultado fue igual de concreto: una decisión con apariencia judicial y consecuencias en la vida pública.

En este contexto, la palabra coacción no funciona como goma de borrar. Puede explicar, y quizá atenuar, la conducta de quien fue amenazado, no convierte automáticamente en inexistente todo lo que produjo el acto. Hace falta saber quién presionó, cómo, cuándo, qué documentos circularon y qué margen real tenía la magistrada para negarse. También, como es lógico, hace falta escuchar a quienes fueron afectados.

La versión........

© Aporrea