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Inexpugnabilidad nuclear

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07.03.2026

En las décadas de los años 60 y 70 del siglo pasado, fueron pocos los autores latinoamericanos que se atrevieron a escribir sobre la autonomía de los países. Este tema fue prácticamente ocultado por los grandes centros académicos y de información; no era de interés para los países desarrollados que se estudiara la cuestión de la autonomía de las naciones.

La autonomía es un tema que hoy se encuentra en la palestra de todos los países latinoamericanos. Una vez lograda la independencia del sistema colonial establecido en el siglo XIX, muchos de los próceres se ocuparon de ello. Podemos nombrar a Simón Bolívar, con testimonios de este propósito en la relevante Carta de Jamaica. En este histórico documento, Bolívar expuso las razones que propiciaron el fracaso de la Segunda República en el contexto de la independencia de Venezuela.

La autonomía era en aquel momento una exigencia vital para los logros del Libertador. La carta constituyó uno de los primeros documentos donde se funda la independencia de las colonias españolas en Latinoamérica. Bolívar subrayó la necesidad de que cada nación tenga su propio régimen de gobierno, con organización propia, respeto a los derechos humanos y reconocimiento a las diferentes etnias en las diversas naciones. Al respecto, Bolívar apuntó:

"El velo se ha rasgado; ya hemos visto la luz y se nos quiere volver a las tinieblas; se han roto las cadenas; ya hemos sido libres, y nuestros enemigos pretenden de nuevo esclavizarnos. Por lo tanto, la América combate con despecho; y rara vez la desesperación no ha arrastrado tras de sí la victoria".

Entre los que tocaron el tema de la autonomía se encuentran Francisco de Miranda, Bernardo Monteagudo, Francisco Morazán, José de San Martín, entre otros.

En tiempos más cercanos al presente, surgieron personajes que desarrollaron en la academia una visión de autonomía. En este sentido, podemos nombrar a Alejandro Bunge y Raúl Prebisch.

En los años 60 y 70 nace la teoría de la dependencia, que luego es retomada por Carlos Puig y Helio Jaguaribe para describir sus pensamientos en torno a la autonomía de los países periféricos, en especial los latinoamericanos.

Sus principales características están referidas a la existencia de relaciones desiguales de poder en los planos económico, político y cultural. Esta teoría propone que la pobreza de las naciones del sur nace debido a que abastecen a las naciones ricas de materias primas, y esto, aunado a las intenciones de los países desarrollados de mantener el sometimiento perpetuo de los estados latinoamericanos, se manifiesta mediante todo tipo de acciones. Entre las más comunes se encuentran la imposición de sanciones y la aplicación de la fuerza militar.

Para los efectos de este artículo, solo mencionaremos los cuatro niveles del modelo de autonomía de los autores ya nombrados, plasmados en el libro La dependencia político-económica de América Latina:

1. Primacía general: consiste en la condición de tener una seguridad absoluta de no ser agredido, debido a la capacidad militar y tecnológica poseída. 2. Primacía regional: se distingue por la inexpugnabilidad del territorio, combinada con la hegemonía en algunas áreas y una presencia preponderante en otras. Naturalmente, Estados Unidos en América poseía estas dos primeras clasificaciones.

3. Nivel de autonomía: se refiere a las condiciones de los países que, a pesar de no tener la capacidad bélica para contrarrestar una agresión extranjera, sí poseen la capacidad de imponer a un posible agresor penalidades severas, tanto materiales como morales. Además, disfrutan de suficiente margen de maniobra en sus asuntos internos y de una actuación internacional independiente.

4. Nivel de dependencia: en este estrato se encuentran los países que no poseen la capacidad para ubicarse en niveles más altos, a pesar de ser soberanos, poseer órganos adecuados de gobierno y estar acreditados internacionalmente.

Como podemos darnos cuenta, Venezuela se encontraba en el tercer nivel de esta teoría. Hasta hace poco, Venezuela contaba con una inexpugnabilidad militar relativa que le permitió no ser invadida por países vecinos, como se pretendía en la triste época de la existencia del Grupo de Lima.

Sin embargo, nuestra capacidad militar quedó corta ante la mostrada por Estados Unidos, país primero en el mundo en avances tecnológicos y bélicos, y con experiencia de combate en todo terreno.

En vista de lo ocurrido el 3 de enero del presente año y los cambios repentinos de giro en la conducción del Estado por parte del gobierno nacional, no queda otra opción que identificar a Venezuela con el descenso al cuarto y último nivel de la teoría de Helio Jaguaribe, es decir, el nivel de dependencia, que muchos ahora parafrasean como un regreso al sistema colonial.

La utilización de la fuerza militar y la amenaza de armas nucleares por parte de Estados Unidos someten a cualquier pueblo. Venezuela no solo perdió su inexpugnabilidad militar frente a los norteamericanos,  sino que también perdió su inexpugnabilidad moral. Entre los movimientos progresistas de la región, entre los pueblos de a pie, entre los muchos revolucionarios latinoamericanos, Venezuelagozaba de una resistencia exitosa; era un faro a seguir, una guía, una esperanza. Hoy en día, todo eso ha desaparecido.

Como consecuencia de los hechos ocurridos en Venezuela, será necesario adaptar el concepto de soberanía a las condiciones del momento actual. Posiblemente habrá que preguntarse: ¿un país sin armas nucleares y poder militar suficiente es realmente soberano? ¿O esa soberanía es condicionada o temporal hasta que otro país más poderoso tenga interés en los recursos del primero? La soberanía es un concepto fijo que no cambia, es constitucional, conformado por las leyes de los Estados. Pero si estas leyes, amparadas en el derecho internacional, son violadas por los más fuertes sin pensarlo dos veces, ¿de qué soberanía hablamos?

Se viven tiempos muy difíciles: una ONU que no funciona ni tiene poder para detener ninguna guerra; una moral internacional maloliente por todas partes; violaciones y desprecio por el derecho internacional; fake news y desinformación en todos los horizontes. un mundo donde las vías socialistas están agotadas y solo queda intentar vivir regulando al capitalismo, una tarea de por si casi imposible debido a que este se reinventa constantemente. Amanecerá y veremos.

Inconformidad, Ideología y trabajo.


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