Tiananmén 1989 y el ascenso de la China capitalista
Capítulo II. ¿Quiénes eran los manifestantes?
La imagen oficial ha reducido las protestas de Tiananmén a una "revuelta estudiantil por la democracia". Esta simplificación no es inocente. Oculta la complejidad social y política del movimiento que, lejos de ser homogéneo, reunió a distintos sectores en lucha: estudiantes, trabajadores, técnicos, pequeños funcionarios, e incluso sectores marginados de la propia burocracia. En el núcleo de esa movilización comenzaron a surgir elementos de autoorganización popular, politización acelerada y radicalización de clase, especialmente en los días previos a la masacre.
Este capítulo reconstruye la composición de clase del movimiento, las formas de participación y organización desde abajo, el papel central que jugaron los trabajadores —a menudo olvidado— y el surgimiento de organismos como la Federación Autónoma de Trabajadores de Pekín, que marcaron un punto de ruptura con el Estado burocrático.
Más allá de las banderas vagas de "democracia", aquí comenzamos a ver con nitidez la lucha de clases en movimiento.
Composición de clase: estudiantes, trabajadores, burócratas descontentos
Desde los primeros días de las manifestaciones en abril de 1989, fue evidente que el movimiento de Tiananmén no era simplemente una protesta estudiantil, aunque los estudiantes universitarios de Pekín hayan sido sus primeros protagonistas visibles. Lo que comenzó como una vigilia para conmemorar la muerte de Hu Yaobang —ex secretario general del Partido Comunista Chino, caído en desgracia por sus posiciones "reformistas"— se transformó rápidamente en un estallido que atrajo a capas cada vez más amplias de la sociedad china urbana.
Los estudiantes, en su mayoría provenientes de familias de clase media urbana, fueron quienes ocuparon inicialmente la Plaza de Tiananmén. Provenían de universidades como la Universidad de Pekín (Beida), la Universidad Renmin o la Universidad Tsinghua, y formaban parte de una generación que había crecido durante el auge de las reformas de mercado. Su situación era ambigua: aunque estaban más educados que generaciones anteriores, enfrentaban un futuro incierto. La liberalización económica y el colapso de la planificación estatal habían erosionado los antiguos mecanismos de asignación de empleos para graduados. En lugar de seguridad laboral garantizada por el Estado, muchos empezaban a descubrir un mercado laboral volátil, dominado por relaciones personales (guanxi) y privilegios burocráticos.
Una encuesta realizada por el Institute of Sociology de la Academia China de Ciencias Sociales en mayo de 1989 reveló que más del 65 % de los estudiantes participantes en las manifestaciones estaban preocupados principalmente por el desempleo, la corrupción y la desigualdad, más que por demandas abstractas de "democracia". De hecho, una de las consignas más repetidas en los primeros días fue: "Queremos justicia, no privilegios", una frase que resonaba también entre trabajadores y empleados estatales.
Lejos de ser una simple frase moralista o ambigua, condensaba de forma poderosa la conciencia incipiente del carácter de clase del conflicto que se estaba desarrollando en las calles de Pekín.
Por un lado, al reclamar "justicia", no se referían a una idea abstracta o individualista de justicia legal, sino a una demanda profundamente social: igualdad de condiciones, redistribución de la riqueza, fin de la corrupción institucional, acceso equitativo al empleo, a la educación y a los bienes públicos. Era una manera popular y accesible de expresar una crítica directa al orden social emergente, donde la riqueza y el poder estaban cada vez más concentrados en manos de una nueva élite burocrática convertida en clase capitalista.
Por otro lado, al rechazar los "privilegios", apuntaban con claridad a esa nueva casta que se enriquecía a costa del pueblo. El término no se usaba en sentido abstracto, sino que tenía blancos concretos: los "hijos de los dirigentes" (los príncipes rojos), los altos cargos del partido que obtenían apartamentos de lujo, empleos reservados, acceso a productos importados, vehículos con chófer, viajes al extranjero, mientras que el trabajador común sufría inflación, recortes y desempleo. Los estudiantes lo vivían directamente: muchos de ellos, hijos de obreros o empleados públicos, veían cómo sus oportunidades se desvanecían ante la corrupción y el nepotismo.
Esa consigna, entonces, no era un reclamo por igualdad ante la ley, sino una acusación contra el carácter de clase del nuevo régimen. Traducida al lenguaje marxista, podría haberse expresado como: "Queremos igualdad social, no el dominio de una nueva burguesía surgida del aparato del Estado". De ahí su potencia. Tocaba una fibra común tanto en los estudiantes como en los trabajadores, y expresaba un malestar que iba más allá de las reformas democráticas formales: era una crítica al proceso entero de restauración capitalista que había roto las promesas de la revolución de 1949.
Por eso esta consigna, aparentemente simple, fue una de las que más inquietó al régimen. Porque no podía ser cooptada ni desactivada mediante concesiones superficiales: expresaba una grieta profunda entre el pueblo trabajador y el nuevo bloque de poder surgido de las reformas de Deng. En ese sentido, fue una de las formulaciones más avanzadas —aún si intuitiva— del contenido real del movimiento de Tiananmén.
Pero lo que marcó un giro cualitativo en el movimiento fue la incorporación de amplios sectores de la clase trabajadora urbana. A medida que se difundían las noticias de las protestas y crecía la ocupación de la Plaza, miles de obreros comenzaron a llegar por su cuenta desde las fábricas, los suburbios y los barrios obreros. No lo hacían convocados por ningún sindicato (el único legal, la ACFTU, era parte del aparato del partido), sino que acudían espontáneamente, primero como simpatizantes, luego como participantes activos, y finalmente como organizadores de sus propias estructuras.
El 18 de mayo, según documentos internos del Comité Municipal del PCCh, más de 200.000 trabajadores habían participado directa o indirectamente en las movilizaciones en Pekín. Muchos de ellos eran empleados de fábricas estatales grandes como la Fábrica de Locomotoras de Pekín o la de Maquinaria Pesada de Shijingshan. Algunos testimonios de la época hablan de columnas enteras de obreros marchando hacia Tiananmén en grupos disciplinados, con pancartas hechas a mano que denunciaban los bajos salarios, la inflación y el saqueo de bienes públicos por parte de la nueva élite.
Uno de los elementos menos conocidos —y que ha sido sistemáticamente borrado por las narrativas posteriores— es la presencia de trabajadores migrantes rurales, también llamados mingong, que habían llegado a Pekín en busca de empleo. Aunque carecían de permisos de residencia (hukou) y estaban en situación precaria, muchos se unieron a las protestas y aportaron una visión más directa del abandono y la explotación sufrida en las zonas de desarrollo especial. Una investigación del sociólogo Li Qiang estima que al menos 30.000 mingong participaron en manifestaciones, acampadas y asambleas en las semanas previas al 4 de junio, a pesar de no ser reconocidos por las dirigencias estudiantiles.
También hubo un sector menos numeroso pero significativo de burócratas descontentos y cuadros medios del aparato estatal. Algunos eran antiguos miembros del PCCh marginados por las reformas, otros eran técnicos e intelectuales que trabajaban en organismos públicos o universidades y que comenzaban a oponerse al rumbo del régimen. Uno de los más destacados fue Bao Tong, exdirector de la Oficina de Reforma Política, quien simpatizaba con el ala crítica del partido y fue arrestado poco después de la masacre. Asimismo, hubo profesores universitarios y editores de publicaciones oficiales que se solidarizaron activamente con los estudiantes, llegando incluso a imprimir panfletos o abrir espacios para asambleas dentro de sus instituciones.
El movimiento fue, por tanto, un fenómeno social de composición múltiple. No fue simplemente estudiantil ni liberal, sino que expresó una convergencia social entre una juventud universitaria sin futuro garantizado, una clase obrera empobrecida y desplazada, y una capa........
