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Antisemitismo, Sionismo y Marxismo

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06.10.2026

A lo largo del siglo XX y aún más en el siglo XXI, el sionismo ha intentado apropiarse de la identidad judía mundial. Sus voceros más agresivos repiten sin cesar que "criticar a Israel es antisemitismo", o que todo ataque contra el sionismo es un ataque contra "los judíos en general". Pero esta es una falsificación histórica de proporciones gigantescas, que sirve para justificar crímenes coloniales y silenciar las voces disidentes, incluso judías.

El judaísmo es una religión con una historia milenaria, y también una identidad cultural rica, diversa y cambiante. A lo largo de los siglos, los judíos han vivido en todo el mundo —desde Marruecos hasta Polonia, desde Yemen hasta Argentina—, desarrollando formas propias de vida, lenguaje, costumbres y pensamiento. Ha habido judíos creyentes y ateos, pobres y ricos, mercaderes y obreros, reaccionarios y revolucionarios. Ser judío no define una posición  política ni de clase: lo importante es en qué lado de la barricada estás.

En cambio, el sionismo es una ideología política nacionalista y colonialista, nacida en Europa a fines del siglo XIX. Su fundador, Theodor Herzl, no fue un profeta ni un sabio religioso, sino un periodista austríaco que proponía resolver el antisemitismo no luchando contra él, sino creando un Estado nacional exclusivo para judíos. ¿Dónde? Donde hiciera falta: Uganda, Argentina, incluso Palestina. Fue sólo por razones geopolíticas y religiosas que el movimiento sionista eligió finalmente colonizar Palestina.

Desde sus inicios, el sionismo fue una ideología ajena a las masas obreras judías, especialmente en Europa del Este. Mientras los sionistas proponían emigrar a una tierra lejana y formar un Estado burgués, la mayoría de los judíos pobres luchaban en sindicatos, partidos socialistas y movimientos obreros, organizándose contra el antisemitismo y la explotación allí donde vivían. Entre ellos surgió el Bund, un movimiento revolucionario y socialista judío antisionista que agrupó a decenas de miles de trabajadores.

El sionismo nunca representó a "todos los judíos". Ni siquiera a una mayoría. Representó, desde sus inicios, a sectores burgueses y pequeñoburgueses, educados en el nacionalismo europeo, que aspiraban a convertirse en clase dominante: abandonar la lucha contra la opresión y crear su propio Estado, incluso a costa de otro pueblo, el palestino.

Hoy, el Estado de Israel —fruto de esa ideología— no representa al judaísmo ni al conjunto del pueblo judío mundial, sino a un régimen capitalista, racista, armado y subordinado al imperialismo estadounidense. Israel no habla por los judíos: habla por el capital sionista, la derecha internacional y los intereses estratégicos del imperialismo en Medio Oriente.

Por eso, desde una perspectiva marxista, internacionalista y de clase, reivindicamos con fuerza la separación total entre judaísmo y sionismo. No sólo por precisión histórica, sino porque de ello depende la claridad política en la lucha actual: se puede y se debe combatir al sionismo sin caer jamás en el antisemitismo, y al mismo tiempo se puede ser judío y estar en la primera línea de combate por la liberación de Palestina y la revolución mundial.

Este intento del sionismo por presentarse como la "voz legítima del pueblo judío" ha tenido consecuencias nefastas. No sólo ha falsificado la historia del judaísmo, sino que ha silenciado o incluso perseguido a los propios judíos que no se someten a sus designios. De hecho, los primeros perseguidos por el sionismo fueron los propios judíos revolucionarios, aquellos que no aceptaban su proyecto nacionalista, elitista y excluyente.

Durante el auge del movimiento obrero judío en Europa del Este, el sionismo fue minoritario y despreciado por las masas obreras. El Bund, los bolcheviques judíos, los comunistas, anarquistas y sindicalistas judíos organizaron huelgas, enfrentaron pogromos y educaron a generaciones enteras de trabajadores en el socialismo y la solidaridad de clase. Mientras tanto, los sionistas hacían acuerdos con el zarismo, denunciaban a los revolucionarios y construían una ideología escapista: irse lejos en vez de luchar donde se estaba.

Más adelante, el sionismo mostró su verdadero rostro: en los años 30, firmó un acuerdo con la Alemania nazi (el acuerdo Haavara) para facilitar la emigración de judíos a Palestina, mientras el resto del movimiento judío llamaba al boicot internacional al régimen hitleriano. Durante el Holocausto, los sionistas no priorizaron salvar a los judíos europeos, sino garantizar que quienes sobrevivieran emigraran a Palestina. Para ellos, el pueblo judío no era una clase trabajadora viva y sufriente, sino materia prima para construir un Estado capitalista en Medio Oriente.

Después de 1948, con la creación del Estado de Israel sobre la base de la limpieza étnica del pueblo palestino, el sionismo pasó a ser la ideología oficial de ese Estado, armada hasta los dientes, aliada a EE.UU., y enemiga de toda resistencia popular o socialista. A partir de entonces, se ha usado el recuerdo del Holocausto para blindar su legitimidad y acallar toda crítica, incluso la que viene desde dentro del propio pueblo judío.

Hoy, muchos judíos en todo el mundo rechazan al sionismo con claridad. Desde organizaciones judías antisionistas en EE.UU., América Latina o Europa, hasta corrientes religiosas que consideran al sionismo una perversión de la tradición judía. Incluso en Israel hay sectores que denuncian el apartheid, la ocupación y los crímenes de guerra. Por eso, decir que "todos los judíos son sionistas" no sólo es falso: es funcional al mismo relato sionista que quiere ocultar las divisiones de clase, de ideología y de historia en........

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