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¡La historia condenará a las direcciones sindicales petroleras! ¡Cobardes y pusilánimes!

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08.09.2026

Hay momentos en que el silencio deja de ser una omisión y se convierte en una posición política.

 

La industria petrolera venezolana atraviesa uno de los momentos más graves de su historia. El gobierno de Delcy Rodríguez está abriendo las puertas de par en par al capital imperialista estadounidense y entregando a sus intereses el acceso privilegiado a una parte gigantesca de las reservas petroleras venezolanas: 17 campos con unos 65.000 millones de barriles. Washington no ha ocultado su ambición: Donald Trump habló abiertamente de “control mayoritario” sobre esas reservas y el Pentágono ya posee una participación del 35 % en la empresa encargada de explotarlas.

 

Esto no es una simple inversión extranjera. Es la penetración del capital imperialista en el corazón de la principal industria venezolana. Es la transferencia del control efectivo de recursos estratégicos a intereses estadounidenses bajo el disfraz de “recuperación”, “inversión” y “modernización”. El gobierno podrá repetir que Venezuela conserva jurídicamente la propiedad del subsuelo. Pero para los marxistas la cuestión fundamental no se reduce al título de propiedad. Hay que preguntar quién controla la producción, quién decide, quién financia, quién compra, quién obtiene las acciones y quién se apropia de la riqueza generada.

 

¿Y dónde están las direcciones sindicales petroleras?

 

Mientras el gobierno moviliza públicamente a trabajadores petroleros para expresar respaldo a su política energética, las direcciones sindicales que deberían representar los intereses independientes de la clase trabajadora permanecen en una posición que, hasta ahora, resulta políticamente inaceptable. El 4 de septiembre se realizó un acto con trabajadores petroleros en respaldo a Delcy Rodríguez y a los nuevos acuerdos energéticos.

 

No estamos hablando de un detalle menor.

 

Estamos hablando del principal recurso estratégico de Venezuela. Estamos hablando de quién controla la producción, quién decide sobre ella y quién se apropia de la riqueza generada por millones de horas de trabajo.

 

Y frente a semejante transformación, las direcciones sindicales no pueden esconderse detrás de comunicados, declaraciones ambiguas o reuniones burocráticas.

 

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© Aporrea