Venezuela, país de riesgo
Hay ciertas trampitas argumentativas, muy usadas por los llamados “pragmáticos” de la opinión pública venezolana, muy influidos por el William James chavista, Francisco Ameliach, para justificar la permanencia ilegítima en el poder de una camarilla, sostenida hoy en día principalmente por el gobierno de Trump y un puñado de militares empresarios, policías políticos y burócratas, y aspirantes a burócratas, y, claro, uno que otro bobo. Que era verdad lo que me decía, condescendiente, mi hermano Orlando Zabaleta, ante mi asombro por las boberías de algunos personajes: “hay gente bruta, Jesús; aunque tú no lo creas”. Pero el asunto es que se repite, de una u otra manera, que solo cambian la ornamentación retórica, la noción tramposilla ella de que Venezuela es una nación casi inviable, un “estado fallido” o, al menos, “débil”, y que, apenas se vaya la masa de agentes de la CIA que hoy coordinan el DGSIM, codo a codo con Diosdado, aquí lo que viene es una matazón estilo Siria, Libia, Afganistán o Irak.
Por supuesto, esas caracterizaciones del país reflejan los temores del grupo gobernante de que les hagan pagar por sus fechorías, incluso más que de la CIA o, en general, el gobernante Trump o Rubio, de quienes hoy son fans número uno. Es obvio que, a diferencia de Irak o Afganistán, donde conviven antiguas profundas fracturas sectarias, disputas étnicas precoloniales y movimientos integristas religiosos, la crisis venezolana es de naturaleza eminentemente socioeconómica e institucional. No existen líneas de falla identitarias o teocráticas en nuestra sociedad, a pesar de los Testigos de Jehová, los baptistas, adventistas y demás bichos sectarios, promovidos desde el Norte. En todo caso, las amenazas a la integridad del Estado en Venezuela, provienen de una extrema polarización política, el colapso institucional y las heridas no sanadas de un prolongado período de violaciones a los derechos........
