Delcy osa
Está bien, de acuerdo. El 3 de enero, fecha fatídica, los venezolanos entramos en una nueva época, una etapa de nuestra historia, prácticamente inédita, que arrancó con un ataque imperialista, reñido con el Derecho Internacional, seguido por una capitulación vergonzosa y una abyecta subordinación de parte de los que alardeaban estar dispuestos a morir por la Patria. Así se asesinó definitivamente algo que se llamó alguna vez, y con una demagogia desbordante, llena de caudillismo, corrupción y renta petrolera, "socialismo del siglo XXI", para vergüenza del socialismo histórico y un daño casi irreparable para su mensaje emancipador, otra facturita por ahí que le tenemos al chavismo "realmente existente", con todo su pragmatismo pirata. Esto no se compara con ningún evento anterior de nuestra historia. Ni siquiera con el visto bueno de los gringos al golpe de Estado de Gómez contra Castro. En todo caso, se parece, y mucho, a las ocupaciones norteamericanas de principios del siglo XX en varias naciones latinoamericanas.
La vicepresidenta, designada presidenta provisional en virtud de una decisión del TSJ que no tuvo nada que ver con el Derecho Positivo, sino con la locura de la que habló Kierkegaard que acompaña ciertas decisiones, basadas en la "mística" de la pura fuerza, para nada en las normas constitucionales, mucho menos en la Justicia; en fin, Delcy osó pronunciar un discurso, acerca del cual una propaganda mercenaria provocó unas tristes expectativas, sobre todo cuando el movimiento sindical se activa en la lucha por el salario y la restitución de todo el derecho laboral, como parte de las garantías constitucionales que esta gente ha destruido.
Delcy osó meterle a la interpretación histórica y habló del 3 de enero, como inicio de una "nueva etapa histórica", lejos de los "extremismos", término que puede entenderse de diferentes maneras: los delirios de grandeza del chavismo, sus inmensas metidas de pata económicos, las oleadas de represión que no paró ni siquiera ante mujeres embarazadas y niños, la violación flagrante y continuada de la Constitución, los delitos de lesa Humanidad señalados por la Corte Penal Internacional y no sé cuántos organismos internacionales, el entierro definitivo del Plan de la Patria de Chávez y los "motores" de Maduro.
Claro, para Delcy y parte de su público, el extremismo está en eso de recordar que hay Constitución, garantías y derechos como el de expresión, organización, manifestación, y hasta el extremismo de exigir el cumplimiento de una ley de amnistía, cabía dentro del referente de esa etiqueta "extremismo", muy utilizada por ciertos personajes que pretenden alimentar ilusiones de una transición por la cual habría que agradecer por adelantado a Delcy, la osada. Ahí sigue el extremismo del decreto de Conmoción Nacional, la Ley contra el Odio, la del control de las ONG, etc. Pero eso no es "extremismo".
Delcy osó a referirse al "extremismo" de los otros, siempre "los otros", y sobre todo, de "la otra". También habló de los "errores". De pasada. Igual, también mencionó el perdón, como el hermano. Pero solo nombró lo genérico. Como lo propio de todo humano. Todos cometemos errores. Somos humanos. Disculpa, te molí a palos, te quemé con electricidad y cigarros encendidos, no te di comida ni permití que durmieras varios días ¡Ups! ¡Se me pasó! Errar es de humanos, cónchale. Perdona, chamo.
Pero Delcy, además de osar realizar una interpretación histórica de esa fecha (el día de la vergüenza nacional, se debiera llamar; pero la cosa es peor), hizo anuncios. Anuncios de que va a anunciar. Anuncios de que va a anunciar un anuncio sobre el salario, un salario racional. No un salario irracional como está en la Constitución. Tampoco el que prevé la economía política desde Adam Smith y David Ricardo, que tiene que ver con reponer la existencia misma del trabajador, la retribución por su trabajo. Todo eso es irracional. Este chavismo, así como rescribió la filosofía pragmática para esconder detrás de su prestigio, lo que fue una simple y abyecta entrega del país por miedo, ahora replantea la racionalidad. ¡Pobrecito Habermas! ¡Pobrecito Descartes, Leibniz, Hegel y todos los racionalistas!
La osadía de Delcy llegó hasta anunciar un "nuevo modelo económico" autorizado, por supuesto, desde Washington, por el gran "socio y amigo". Por supuesto, nada que ver con los textos fundadores del chavismo, incluidos textos reliquia, como los de la secta esenia encontrados en Qumran, el "Plan de la Patria" o las delirantes 7T y los larguísimos discursos del Comandante, a esta hora un fantasmita que se disipa en el aire, que ya ni asusta, que se reduce a ser recordado con cariño, como a aquella parejita tierna que se despide en la niebla, tentada a encender el ventilador que anime el ambiente de nuevos esclarecimientos de delitos, que les permita reducir la pena que, dadas las acusaciones, va a ser larga.
Cualquier análisis retórico debe empezar por determinar los públicos a los que va dirigido el discurso. En este caso, la alocución que Delcy osó, fue una pieza dirigida a tres auditorios distintos, cada uno con su dosis específica de veneno y miel: al chavismo militante le pidió "responsabilidad", eufemismo para designar un sacrificio sin resurrección, la castración de la lucha social. Les dijo que eviten cualquier duda porque esta lleva a la traición, que se callen cualquier demanda: de agua (en Cumaná y Margarita), luz (con apagones diarios de seis o más horas) y, sobre todo, las demandas salariales. El chavista sufriente debe sacrificarse en nombre de la paz y la estabilidad, mientras los EEUU y los inversionistas hacen sus negocios. En cambio, al empresariado le hace promesas de cambios legales que oficialice el paso del trabajo asalariado al esclavo, la agilidad en los trámites y beneficios fiscales. El mercado inmobiliario, antaño demonizado, hoy es el consentido. Ofrece una alfombra roja, como la que tendió a los altos funcionarios gringos que nos visitaron después del 3 de enero, para un capitalismo de amigotes que siempre busca más garantías. A la ciudadanía de a pie, Delcy osó lanzarle una amenaza, concretada en el golpe al sindicalista con las costillas fracturadas. Ya van seis nuevos presos de la cosecha Delcy. Los mil y pico de Maduro y Diosdado también son suyos, pero…no seamos extremistas.
El balance de estos tres meses muestra a un Ejecutivo haciendo el "vivo criollo", corriendo la arruga de ponerse a derecho, aferrándose al poder basado en la pura fuerza, lidiando con sus propios fantasmas, moviéndose a un paso de "tortuga cansada" hacia las otras etapas del plan Rubio. Mientras el conflicto en Irán y la influencia de Israel mantienen a Washington ocupado, Caracas aprovecha el vacío para "anunciar que va a anunciar", una técnica de dilación que busca ganar tiempo mientras se acomodan los intereses del "socio y amigo" del Norte, apostando que las elecciones de medio término alimenten el delirio de que Trump les dé "otra ayudita".
Lo que Delcy Rodríguez llama "nueva etapa" es, en realidad, la consolidación de una burocracia política, militar y policial, que ha decidido, para salvarse a sí mismo, vender al mejor postor al país, adelantándose a los otros y, sobre todo, a "la otra". A tres meses de aquella capitulación que dio paso a la subordinación del instrumento de la represión, esa burocracia policial-militar, hay que reconocer que Delcy es osada.
