Sobre el diálogo y la conversación en España
España, en general, es un país poco acostumbrado al diálogo sereno y a la conversación desapasionada. Y tampoco parece especialmente interesado en cultivarlos. La impaciencia por hablar suele ser muy superior a la paciencia necesaria para escuchar.
Las causas pueden buscarse lejos. Durante siglos imperó una concepción religiosa que apenas admitía el disenso, no ya respecto de la doctrina, sino incluso respecto de la filosofía que la sustentaba. La Ilustración introdujo en Europa otra manera de pensar, pero su penetración en España fue tardía, limitada y accidentada. Quedó así profundamente arraigada una cierta propensión a considerar las convicciones ajenas a la doctrina y filosofía religiosa no como opiniones susceptibles de ser discutidas, sino como verdades inadmisibles.
A ello se añadió después otra clase de dogmatismo. El sistema político y económico contemporáneo exaltó la libertad y la competencia, valores que, llevados al extremo y desprovistos de límites, pueden convertir al interlocutor en adversario y al adversario en alguien a quien es........
